Debarim

Todo un destino en cuatro letras...

En la primera sección del último libro que compone nuestra Torá

-Deuteronomio-, escuchamos acerca de la empresa final de Moshé Rabenu: las

postreras alocuciones de Moshé, el hombre, antes de partir y ser luz,

espíritu y nobleza para su generación y para la eternidad de Israel y del

género humano. Es difícil hallar un nombre adecuado para traducir a

"Debarim", pero habremos de conformarnos en llamarlo: "alocución",

"discurso" o tal vez, en su acepción literal: "Palabras" (aunque "no tan

sólo palabras...")

No es fácil hallar en nuestro lenguaje los apelativos adecuados para

aquellas personas y hechos que fueron por única vez en la historia de la

humanidad. La última alocución de Moshé. Sus últimas palabras. Su postrer

mensaje. Una suerte de discurso revisionista y crítico, enfundado de

diálogos y amonestaciones, que registra un tono explicativo y hasta

preventivo. De acuerdo con los comentaristas bíblicos, once días llevó a

Moshé "hablar" todas estas cosas a los hijos de Israel; a los jóvenes

-pujantes y valerosos- que habrían de cumplir el mandato Divino de heredar

la tierra. "Ele ha-debarim asher diber Moshé" comienza diciendo nuestra

perashá... La palabra, esa fiel "creadora" de los vínculos, esa fiel

"traductora" de emociones y compromisos sigue aflorando de la boca de quien

había declarado, mucho, mucho tiempo atrás: "lo ish devarim anojí" - "no

soy yo hombre de palabras". Moshé había insinuado ante el Creador, que "no

sabía hablar", que no era elocuente... y aquí lo vemos. A los ciento veinte

años enseñando, transmitiendo, no permitiendo que los jóvenes sean "tierra

de nadie" sino todo lo contrario: seres comprometidos -a través de la

palabra- a forjar un destino diferente a ese desierto árido y seco que

estaba bajo sus tiernos pies. Estos "Debarim" son la vida misma de una

nación; son la esencia misma del precepto Divino transformado en la acción

diaria -"mitsvá"-: son las "palabras" con que Moshé inicia un recorrido por

la historia espiritual de su pueblo a quien ama, a quien reprende...

Vayamos entonces a las palabras. Vayamos también a los hechos. El

calendario hebreo, que conforma la perspectiva del año judío, hace

coincidir esta perashá -"Ele ha-Debarim"- con el Shabat que precede a la

triste y aciaga fecha de "Tishá be-Av", o sea el ayuno del 9 de Av, memoria

de la destrucción de nuestros Santuarios. Este Shabat ha sido denominado

por la tradición Rabínica: "Shabat Jazón" es decir, el "Shabat de la Visión

Profética", en alusión a la Haftará que leemos en el Profeta Isaías,

Capítulo 1, que comienza con la expresión: "Jazón Ieshaiáh ben Amotz" -

"Visión profética de Isaías", y que describe la realidad -perversa,

corrupta y avergonzante- de la sociedad hebrea en tiempos de la destrucción

del Primer Santuario. Y nos preguntamos: ¿por qué esta elección? ¿Por qué

esta coincidencia? ¿Por qué tanto dolor? Veamos, más allá de las

circunstancias históricas que tiene que ver con la elección, las

coincidencias linguísticas entre los textos:

La lectura de la Torá del presente Shabat, contiene un versículo que se

inicia con una expresión (dicha por Moshé), que se reitera en la lectura de

la Haftará (en libros de los profetas) en Isaías Cap. 1. En ambas figura el

término: "Eijá" - "Cómo es que...". Este término inicia también el Libro de

Eijá (Lamentaciones, atribuido al profeta Jeremías) escrito después de la

destrucción del Templo: "...Cómo es que (Eijá) se quedó sola, la ciudad

otrora tan habitada..."

Entonces no hablaremos tan sólo de coincidencias. Mucho menos de

casualidades. Aquí queda expuesta la gran sabiduría y paralelamente la gran

sensibilidad de nuestros Sabios, quienes trataron por sobre todo, de

imaginar la desazón y la pesadumbre ocasionadas por las circunstancias

nefastas que acompañaron el devenir histórico de nuestro pueblo, e imprimir

el sello de su pensamiento en el accionar cotidiano. Una profunda aunque

clara intención revela esta situación, tal como lo expresan las palabras

del siguiente Midrash: ¿cómo explicar este "triple" "Eijá"? "...Es por

ejemplo como aquella mujer que tuvo tres amantes: el primero de ellos la

vio en su período de belleza y plenitud; el segundo presenció su

depravación y oprobio, mientras que el último de ellos asistió a su

humillación". Las intenciones son claras. Moshé, Isaías y Jeremías: los

tres "amantes" de una congregación -"Kenéset Israel"- quienes presencian y

vivencian junto a ella tres diferentes épocas. Y continúa el Midrash: "Así

Moshé que vio al pueblo de Israel en todo su esplendor y en quietud,

expresó: '¿Cómo es que (Eijá) he de sobrellevar yo solo vuestras

necesidades, vuestra carga y vuestra contención?' El profeta Isaías quien

presenció el momento de corrupción y de encaminarse hacia el mal del

pueblo, clama (Cap. 1:21): "¡Cómo es que (Eijá) se ha tornado ramera la

ciudad fiel!'. Jeremías quién asistió a su denigración y humillación,

exclama conturbado: '¿¡Cómo es que (Eijá) está sentada solitaria la ciudad

que estaba llena de gente!?' "

Moshé, Isaías y Jeremías. El pastor durante la mocedad del pueblo; el

profeta que lo reprende en su adultez; el visionario que llora amargamente,

sin consuelo, sobre sus ruinas... Los tres profetizaron empleando la

expresión "Eijá" (¿¡Cómo es que...!?). Diferentes épocas, circunstancias y

condiciones distintas, líderes disímiles y también diferentes

transgresiones... Sin embargo, el ojo penetrante y el oído agudo de

nuestros Sabios, captaron un eco del llanto incesante, un llanto por

generaciones, llanto de Eijá... En aquella noche, en el tristemente célebre

episodio de los doce espías, es cuando comienza a "tejerse" la palabra

"Eijá"... Una suerte de debilidad histórica, que nos habla acerca de la

carencia de Fe, de Confianza, de Fidelidad. Pero sepamos agudizar nuestros

sentidos: las cuatro letras -que en idioma hebreo- forman la palabra

"Eijá", pueden, trocando su lugar formar la palabra: "Aieja", que leeremos

"Aieca", que quiere decir: ¿Adónde estás? El hombre de Israel en general,

los sobrevivientes a la espada y al fuego, y a las columnas de humo y de

fuego del holocausto en particular, cuando releen "Meguilat Eijá", escuchan

en sus adentros la voz de D-s clamando al ser humano por Él creado:

"¿Aieca?", "¿Dónde estás?" ¿Qué has hecho para evitar una nueva

destrucción? ¿Dónde estás? ¿¡Adónde has llegado...!? La misma voz que nos

ordena, a nosotros, como testigos, a enmendar nuestras acciones y a

edificar nuestros hogares sobre cimientos que aseguren nuestra estabilidad

moral y espiritual como pueblo judío. Debemos transformar el compungido

lamento de ¿¡Eijá!? - ¿Cómo es que...? sólo a partir de nosotros mismos,

como pueblo, como individuos judíos plenos, identificados y comprometidos

con la Torá, sus Mitzvot, con Am Israel y con Medinat Israel: cuatro

aspectos de nuestra vida, que deben necesariamente cambiar estas cuatro

letras... cuatro letras que se conjugan para evocar un lamento, para

recordar una pregunta, para tomar conciencia.

"Eijá" nos enfrenta a tres épocas, nos cuestiona hacia algo más que tres

preguntas; esperemos que genere en nosotros algo más que tres respuestas.

Con dolor, con amargas reflexiones, recibimos este Shabat, el único del

año, que no puede borrar la tristeza de nuestros rostros. Aguardemos al

próximo Shabat -"Del Consuelo"- movidos por la esperanza y la fe

profundas... "Que en el día de la destrucción nació el Mashíaj".