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Cuentos de Shabat |
Los cuentos aquí presentados fueron publicados en su mayoría en el libro sobre Shabat editado por el Rabino Daniel Openheimer de la comunidad Ajdut Israel en la Argentina.
Rab Shmuel Leib de Lijna decía: "Vengan y
miren que maravillosa es la Mitzvá de Shabat. Cualquier otra Mitzvá requiere
de un acción para observarla, pero en Shabat un judío no necesita ni levantar
un dedo para observar la Mitzvá. Además, la persona no deja la Mitzvá ni por
un instante hasta que Shabat termina.
"Gracias, su excelencia", dijo Rab
Azriel, "pero yo no fumo".
Y desde ese momento hasta su muerte Rab Azriel
nunca fumó otro cigarrillo.
Así es con el Shabat. El Shabat es una señal
entre Di-s y los judíos que El creó el cielo y la tierra en seis días y el séptimo
día cesó. El Shabat es también
una señal para cada judío atestiguando a su judaísmo y al pacto entre Di-s y
Su gente. Aunque un judío viole algún precepto, aún no ha perdido su judaísmo.
La ausencia temporaria del dueño de un negocio no significa que el cartel deba
ser sacado. Asimismo, mientras un
judío observa el Shabat, está aún en "su trabajo", pero si lo
desprecia, saca el cartel que está sobre su entrada y anuncia que su alma judía
no está realmente allí, así como el vendedor que abandona su negocio.
A esto se referían nuestros Sabios cuando
dijeron: "El que desprecia el Shabat es considerado como si renegara toda
la Torá".
Un agnóstico, queriendo ofender a Rab Elazar
Moshé de Pinsk, le formuló al rabino una pregunta aparentemente inocente.
"Rabino", dijo, "¿hay alguna
manera que fumar esté permitido en Shabat?"
"Realmente la hay" respondió Rab
Elazar Moshé.
"¿Y cuál es? preguntó el hombre.
"Instrúyele a un gentil que lo haga por
vos", contestó Rav Elazar Moshé con una sonrisa.
Era un típico Shabat a la tarde en la casa de
Rabbi Shmuel Hanaguid. Mientras la familia estaba sentada en la mesa del
comedor, a punto de comer la comida de Shabat, Rabbi Shmuel Hanaguid sólo podía
sonreír por su buena fortuna. Si
bien estaba viviendo en España, lejos de Eretz Israel, había sido bendecido
con una buena familia, un próspero negocio de alfombras, y la libertad de
estudiar Torá como gustaba. Di-s
había sido ciertamente bondadoso con él.
Bruscamente, escuchó un fuerte golpe en la
puerta. ¿Quién podía estar llamando durante la comida del Shabat? ءEra
muy extraño!
El hijo de Rabbi Shmuel fue a la puerta, habló
con alguien por un momento, y corrió otra vez al comedor mareado. "Papá,
hay un ministro del príncipe esperando verte, y dice que es urgente".
Rabbi Shmuel estaba sobresaltado. El pensaba que
sus relaciones con el príncipe eran buenas. ¿Quién sabe? Al fin y a cabo,
esto era el Galut, y los judíos estaban en exilio. ¿Quién podía confiar en
los gentiles para que trataran a los judíos con bondad? ¿Qué quería el príncipe
de él?
Para saberlo, Rabbi Shmuel corrió a invitar al
ministro a entrar. El ministro rápidamente
contó el propósito de su visita. "El
príncipe lamenta molestarlo en su santo día, pero surgió un importante
asunto, y me pidieron acompañarlo al palacio inmediatamente."
"¿He hecho algo para ofender a su
majestad?"
"ءNo, en
absoluto! El príncipe está
agasajando hoy a importantes visitas, y los quiere impresionar con su riqueza.
El príncipe sabe que usted lo puede ayudar si le vende una de sus excelentes
alfombras. Por lo tanto, quiere que se presente en el palacio inmediatamente
para entregarle sus mercancías y concluir el negocio".
ءEntonces era eso! Rabbi Shmuel evaluó la situación
cuidadosamente. El príncipe era sumamente importante, y no podía ser rechazado
fácilmente. Sin embargo, Rabbi Shmuel no consideró su solicitud ni un momento.
Era, después de todo, el sagrado Shabat , y su santidad no se puede
cambiar por un negocio. Rabbi Shmuel no perdió tiempo en decirle esto cortésmente
al ministro.
"Informaré su respuesta al príncipe, pero
no sé si su majestad se alegrará con ella". Con esto, el ministro salió.
"¿Piensas que fue la respuesta adecuada,
padre?" preguntó uno de los hijos de Rabbi Shmuel. "El príncipe podría
enojarse con vos".
"Príncipes vienen y van", dijo Rabbi
Shmuel, "pero nuestras sagradas tradiciones permanecen constantemente en
todas las generaciones. Ahora olvidémonos del príncipe y honoremos al Shabat
con canciones de Zmirot".
Pero el desafío aún no había terminado.
Luego de haber recitado el Bircat Hamazón hubo un segundo golpe en la
puerta. Esta vez era un
representante del príncipe de más alto rango que el anterior. "Tengo aquí
una declaración escrita del príncipe", dijo. "Nuevamente pide que
usted venga conmigo a su palacio. Si usted lo hace, será recompensado
generosamente".
"¿Y si no?", preguntó Rabbi Shmuel.
"Pues el príncipe decidirá cancelar todos
sus tratos con usted y recomendará a otros a hacer lo mismo".
La respuesta de Rabbi Shmuel no tardó en llegar.
"Dígale al príncipe que será un honor para mi ir al palacio, pero después
de Shabat. Pero hasta que el Shabat
acabe no puedo. Lamento si le estoy
causando al príncipe alguna dificultad, pero esta es la voluntad de Di-s.
El representante salió.
"¿Pensás que el príncipe realmente llevará
a cabo su amenaza?" preguntó la esposa de Rabbi Shmuel.
"Probablemente", contestó Rabbi
Shmuel. "Pero todas las riquezas que el príncipe me pueda dar no
significan nada si tengo que violar el Shabat para lograrlas.
No te preocupes sobre como vamos a vivir si el príncipe deja de negociar
conmigo. Vamos a sobrevivir.
Sólo confiemos en Di-s, El nos ayudará.
La noche ya había caído cuando se escuchó el
tercer golpe en la puerta. Esta vez, entró una banda de cuatro soldados dando
órdenes de llevar al Rabino directamente al palacio. Rabbi Shmuel estaba listo para ir con ellos. "El Shabat
terminó, ahora estoy listo para ir donde ustedes digan".
Calmó a su preocupada familia, y salió con los soldados.
Ellos condujeron a Rabbi Shmuel hasta el aposento
del príncipe y salieron, dejando a los dos hombres solos. Rabbi Shmuel pensaba
que tipo de castigo le correspondería. Pero luego, miró de más cerca al príncipe...
¿Qué era esto? Él no podía
estar seguro, pero le parecía que el príncipe estaba sonriendo, y estaba
contento de verlo.
"Le tengo que pedir perdón realmente"
- dijo el príncipe. "No
quería molestarte en tu santo día, pero quería probarte en un punto.
"Usted verá, un príncipe vecino vino a
visitarme hoy. Él denunciaba que
los judíos son gente avara que harían cualquier cosa por el dinero. Yo le
aposté que estaba equivocado, y le conté sobre mi amigo Rabbi Shmuel Hanaguid,
que valora sus creencias religiosas por encima de la riqueza. Nos pusimos de
acuerdo en probarte, ordenándote que me vendieras alfombras en el Shabat. Mi
invitado estaba muy sorprendido cuando vos te opusiste no solo una vez, sino dos
veces, aun cuando esto significaba perder muchísimo dinero!
"Vos cumpliste más de lo que creía, y por
esto estoy agradecido. Como resultado, no solo que seguiré negociando con vos,
también te encontraré muchos nuevos clientes. Vos sos realmente un judío
fiel, y te deseo mucho éxito en el futuro".
El rechazo de Rabbi Shmuel de violar el Shabat,
le fue pagado. Fue muy exitoso y, más importante, ganó un enorme respeto por
demostrar que los judíos son leales a su Di-s.
Cada viernes a la mañana, Rab Leibale de Vilna,
el hijo de Rab Ber, se paraba en la puerta de su casa. Cuando veía pasar a una
persona que parecía angustiada porque le faltaba dinero para sus necesidades de
Shabat, Rab Leibale lo paraba y le decía, "por favor, ayudame con mi
trabajo".
Toda la mañana esta persona ayudaba a Rab
Leibale. Al mediodía Rab Leibale le pagaba bien a su "trabajador" y
le recomendaba ir y preparar bien las cosas para Shabat.
¿QUIÉN CARGA CON EL PESO?
"Levántate y trabaja,
tú, vaca gorda y vieja", el campesino gentil gritó mientras le daba al
animal un golpe ligero. La vaca no
desistía.
John, el campesino, había
comprado la vaca de su vecino judío, Shmelke.
Los negocios de Shmelke andaban mal y necesitaba dinero urgentemente;
fue por eso que le vendió su vaca a John.
La vaca trabajó duro durante la semana y John estaba satisfecho.
Pero ahora era sábado, y de repente la vaca se sentó y se opuso a
trabajar.
John decidió tratar con un
nuevo método. Se posó sobre sus
manos y rodillas: "Por favor" le rogó, "mi querida vaca, toda la
semana has trabajado maravillosamente. ¿Por qué arruinarlo hoy?
Te dejaré comer una porción más de pasto si vas a ser buena".
El campesino trató de tirar a la vaca por la cola para que se parara.
Pero el animal no podía ser perturbado.
"Bien, si esa es la
manera que querés", dijo John mientras se alejaba enojado, "iré y te
devolveré a tu viejo dueño, Shmelke, y tendré otra vez mi dinero" y,
habiendo dicho esto, se fue.
"¿Qué necesita?"
dijo Shmelke mientras abría la puerta. Shmelke estaba en medio de su comida de
Shabat. Vestía su largo saco de seda y su kipá especial de Shabat.
"John mi vecino, ¿cuál
es el propósito de su visita en este santo día? Sabés que no puedo hacer
negocios con vos en Shabat".
"Mi querido vecino
Shmelke. Lamento deber molestar a un hombre piadoso como usted en su día Shabat.
Pero yo no hubiera venido si no lo necesitaba. Es sobre la vaca que te compré.
Toda la semana trabajó bien, pero...
Shmelke lo interrumpió.
"No digas nada más. Yo sé cual es su problema.
Llévame donde está la vaca, y en unos minutos va a seguir tirando de tu
pesado arado. Pero primero me tenés
que dejar terminar mi comida y decir Bircat Hamazón.
Y así fue, Shmelke volvió
a la mesa, cantó las canciones de Shabat, terminó su comida y dijo Bircat
Hamazón. Después, John y Shmelke fueron juntos al campo de trigo donde estaba
sentada la vaca rebelde.
"Shabat Shalom",
gritó Shmelke mientras se acercaba a la vaca. "¿Cómo estás mi querida
vaca? "Ahora escuchame..." Shmelke susurró algo en la oreja de la
vaca. Casi instantáneamente la vaca se paró, sus ojos se abrieron y empezó a
tirar del arado por las hileras del campo.
"Vos sos un mago",
dijo John. "Por favor decime la frase mágica que le dijiste a la vaca.
Me gustaría saberla por si la vaca se pone haragana otra vez, se la voy
a decir yo".
"No dije palabras mágicas"
respondió Shmelke. "Usted ve, cuando la vaca era mía, no trabajaba en Shabat,
porque nosotros, los judíos, no causamos que siquiera nuestros animales
trabajen en Shabat. El día es
dedicado totalmente a Di-s. Por
eso mi vaca no quería trabajar, porque sabía que era Shabat. Yo le susurré en
su oído y le dije que ella no pertenecía a un judío, y que ahora tiene que
trabajar en Shabat.
John estaba tan impresionado
que por un largo rato no pudo hablar. Finalmente dijo: "Ya
lo decidí. Yo también quiero ser judío. Si la Torá es tan buena, si su fe y
devoción son tan fuertes que hasta una vaca sabe descansar en Shabat, pues debe
ser la más maravillosa, completa y única manera de vida para una persona. Por
favor enseñame. Yo también seré un observante de Shabat. Yo también seré un
judío".
Y así fue, John el gentil
se convirtió en Iojanan ben Abraham. El
y su familia estaban muy contentos.
(Esta es una adaptación de
una historia real. El gentil convertido en judío se hizo un gran estudioso y es
mencionado en el Talmud bajo el nombre de Yojanan ben Torso.)
Cierta vez, le dijeron a Rab
Jaim Sonnenfeld que estaban cocinando en una casa particular. ¡Una violación del Shabat en Jerusalem!
Inmediatamente el Rab corrió a la casa a preguntar.
Las personas apagaron rápidamente
el fuego cuando vieron a Rab Jaim venir. Rab Jaim empujó la puerta, la abrió,
y miró a su alrededor. No había nada para ver.
"Rabino", dijeron
enojados, "¡Esa no es manera de actuar! ¡Entrar en las casas de los demás sin golpear la
puerta!"
"Perdón", dijo
Rab Jaim. "Me dijeron que había fuego acá y corrí a salvarlos. En
semejante emergencia, uno no tiene tiempo para la normal cortesía y
delicadeza".
Una vez, justo cuando Rab
Jaim se estaba preparando para Shabat, se abrió la puerta y entró una señora
anciana, cargando una canasta con frutas. Estaba muy angustiada.
"Rabino, yo soy una
pobre mujer anciana", dijo "y apenas me mantengo vendiendo frutas en
el mercado. Hoy es viernes, y casi todo el día está perdido, todavía no vendí
ninguna fruta en todo el día. No tengo ni un centavo para mis necesidades de
Shabat.
Rab Jaim se puso su abrigo
de Shabat y le dijo a la mujer, "venga conmigo". Fue al mercado, apoyó
la canasta de frutas, y empezó a gritar, "¡fruta para Shabat! Hermanos judíos, fruta para Shabat!"
Todos vinieron a ver por qué
el Rav estaba vendiendo frutas, y dentro de pocos minutos la canasta estaba
vendida.
Rab Jaim le dio el dinero a
la mujer y le dijo, "esto es todo suyo. Vaya y prepárese para Shabat".
EL RABINO QUE DEFENDIO AL SHABAT
Cuando Rab Elya Jaim era rabino de Lodz, se ocupó
de promocionar la observancia del Shabat. El decía que "no va a haber
profanación de Shabat en Lodz mientras que yo sea su rabino".
Y eso fue realmente lo que se hizo. Mientras que
él fue rabino de Lodz, ningún judío abrió su negocio en Shabat.
Cierta vez, Rab Elya Jaim escuchó que una
persona que vivía en los suburbios de la ciudad abría su negocio en Shabat.
El Shabat siguiente a la mañana, el Rab Elya
Jaim avisó a su sinagoga que no lo espere. Fue hasta el negocio y se paró
delante de él.
A las nueve en punto el almacenero llegó con las
llaves en su mano. Allí estaba sentado el Rab frente a la puerta de entrada. El
almacenero esperó. Después de todo, el Rab estaba esperando sin duda para ir a
un Brit Milá o a alguna otra celebración. Seguramente se iba a retirar pronto.
Pasó una hora, y otra, y una tercera. El Rab
seguía sentado, y el negocio permaneció cerrado. Finalmente, el almacenero se
dio cuenta lo que el Rab estaba haciendo. Durante ese lapso, la mayor parte del
día ya se había pasado y el Rab no había comido nada. Al final el almacenero
se acercó al Rab y le dijo, "rabino, me doy por vencido. Vaya a su casa y
coma. Le juro por mi esposa y mis hijos que de ahora en más mi negocio va a
permanecer cerrado en Shabat".