LA
HISTORIA DEL GRAF POTOTZKI
Quiero contarles ahora, una historia muy importante y
profunda:
Ya dijimos que el rey David y el Baal Shem Tov murieron en
Shavuot, pero hay otro tzadik y kadosh (justo y sagrado) que también
murió en Shavuot: el Graf Pototzki, uno de los tzadikim y de los
conversos más grandes que se unieron al pueblo de Israel.
Todos escucharon hablar de la familia Pototzki,
una familia (no judía) muy conocida de Polonia, la cual se dedicaba a
la venta de vodka. Debido a que vendían vodka, bebían obviamente día
y noche. Maldecían y se pegaban los unos a los otros sin cesar, sin
quedarles demasiado tiempo para la vida familiar. El joven Pototzki de
dieciocho años, se hartó de ver a sus padres todo el tiempo borrachos,
pegándose el uno a otro y también pegándoles a sus hijos.
Un viernes a la una de madrugada, cuando ya no podía soportar más,
saltó sobre su caballo y cabalgó en dirección al palacio. De camino
pasó por una posada (es sabido que el único negocio que le estaba
permitido ocuparse a los judíos era la venta de vodka en las posadas, y
por eso ellos vivían al lado del palacio), y obviamente que estaba
cerrada en la noche de Shabat Kódesh.
El joven miró por la ventana, y vio a un judío sentado con
pureza y santidad junto sus hijos. Todos estaban sentados con tanta
dulzura y con tanto amor, que no podía dejar de mirarles.
Pensó para sí: ojalá hubiese tenido una familia así, ojalá
mis padres se hubieran sentado conmigo, aunque hubiera sido por una sola
vez, tal como aquel simple judío se sienta junto a su familia en la
noche del viernes. Fue hasta allí y decidió golpear la puerta. En
aquellos días, cuando un gentil golpeaba la puerta, se sentía cierto
olor a peligro.
El judío abrió la puerta y le preguntó: «¿Cómo te puedo
ayudar?» Pototzki le contestó: «¿Acaso puedo unirme a ustedes?».
Pototzki entró y vio: Guevald, ¡qué dulzura tenía aquel simple judío,
qué santidad tienen los judíos! El vio cuán preciados y sagrados son
los judíos en la noche de Shabat Kódesh. El judío más pobre es un
rey de reyes; y avergüenza a todos los reyes del mundo en esto.
Cuando terminaron de comer, Pototzki le preguntó: «¿puedo
volver la próxima semana?» El judío le contestó: «puedes venir
todas las semanas».
Y así, poco a poco, empezó a llegar todos los Shabat Kódesh, y comenzó
a estudiar Torá y mitzvot.
Una cosa más, muy importante, señores míos. Ese judío tenía
una hija muy linda y sagrada, y a Pototzki le quedaba claro que ella era
su verdadera pareja. Mas Pototzki todavía no era judío, y convertirse
en Lituania era algo sencillamente imposible. Primero, había sobre ello
pena de muerte, y segundo, de seguro que al día siguiente habría un
pogrom.
Pototzki decidió que viajaría a Holanda por algunos años, pues
allí sí estaba permitido convertirse, y después de ello regresaría.
Y así, de pronto, desapareció Pototzki de su ciudad natal. Yo no sé
cuanto lloraron sus padres por él, pero después de tres años,
finalmente regresó.
Sepan que su alma era un alma verdaderamente sagrada. Cuando era
un bebé y su madre lo paseaba en su cochecito, de pronto comenzó a
llorar. El sagrado Baal Shem Tov pasó en aquel instante por el otro
lado de la calle, y entonces le dijo a sus jasidim: «¿Ven ustedes a
aquel bebé? Él estuvo parado con nosotros frente al monte Sinai».
El Baal Shem Tov fue al cochecito y levantó al bebé. El bebé
estaba tan feliz y contento que se reía sin parar.
Los jasidim que vieron eso, sabían que aquel bebé era
seguramente algo muy especial, mas solamente ahora podemos entender el
porqué.
Regresó el Graf Pototzki después de tres años, y no solo que se
sabía todo el Talmud, sino que además se había transformado también
en un sagrado kabalista. Él logró en tres años, lo que parte de
nosotros no hubiéramos logrado en miles de reencarnaciones. Se casó
entonces con la hija de aquel judío, mas obviamente, con sus «peot» y
su larga y linda barba, ya nadie le reconoció.
Lamentablemente, en el Beit Haknéset donde él acostumbraba a
rezar, había un judío que aparentemente la faltaba cierto grado
santidad, y solía hablar todo el tiempo en medio de la tefilá. El Graf
Pototzki le rogaba: «¡por favor, no hables así en medio de la tefilá,
molestas a todos!». Una vez, el Graf Pototzki se acercó a él y le
dijo: «En verdad, no está bien que hables tan ruidosamente molestando
a los demás». Aquel judío se dirigió al Graf Pototzki y dijo: «¡fíjense
lo que sucede aquí, viene un converso y me dice lo que tengo que hacer!».
En el instante en que dijo eso, se reveló aquel secreto, y la gente
comenzó a averiguar acerca de su pasado. Después de una semana - «sobre
ellos yo lloro» - su madre no judía lo reconoció y la policía lo
detuvo. Ella vino con un cura, y entonces le dijeron que había una
iglesia que tendría compasión de él, y que estaba dispuesta a
recibirlo a pesar de sus pecados, pero si él no retornaba a ellos,
entonces tendrían que quemarlo en el mercado. Fijaron la fecha para su
quema en la festividad de Shavuot. ¡Qué gran mérito es poder elevarse
de este mundo en conjunto con la sagrada Torá!
Entre los grandes tzadikim de aquella época estaba Alexander
Zizkind, autor del libro «Iesod Haavodá», quien se hallaba entre los
grandes kabalistas de la época. Él decidió, que a pesar de lo
peligroso que podía ser para un judío aparecer en el día de la
hoguera, él igualmente debería estar allí, pues cuando el Graf
Pototzki dijera «Shmá Israel41» por última vez, quería decirlo
junto con él.
Es obvio que el Rav Zizkind tenía un nivel espiritual
suficientemente elevado, como para hacer una cosa así. Trepó entonces
a un árbol muy alto, y no necesitó de comida ni de ninguna otra cosa
material. Llegó el momento de la quema y todos los gentiles gritaron
fuertemente: «¡muerte a los judíos!», procediendo inmediatamente a
quemarlo.
El Rav Zizkind, le gritó al Graf Pototzki en la lengua sagrada
(hebreo) para que él lo escuchara: «tú no estás solo, yo estoy aquí
en nombre de todo el pueblo de Israel». Y entonces, juntos dijeron el
«Shmá Israel». ¡Qué «Shmá Israel» elevado dijeron. Se lo puede
escuchar hasta el día de hoy ...!