Había una vez un sagrado rabino en Jerusalem
llamado Rav Arie Levin. El era conocido como "el rabino de los
presos". Cuando los británicos encarcelaban a judíos bajo
la acusación de auto-defenderse atacando a sus enemigos, este rabino
los visitaba semana a semana en la carcel donde ellos estában
detenidos.
Se cuenta que una vez la hija del Rav Arie
Levin se enfermo gravemente. Cuando Rav Arie Levin fue a la carcel a
rezar junto a "sus presos" en la mañana de Shabat, al subir
a la Torá, en lugar de donar dinero de tzdaká para que la hija del
rav se cure en mérito a ello, decidieron donar días de sus vidas
para que la hija del rav se salve y viva.
El primero en subir dono un día de su
vida. El segundo dono una semana. El tercero un mes ...
Cuando llego el turno de la cuarta persona, el
preso Dov Tamiri (ex-profesor del Tejnión) declaro: yo estoy
dispuesto a donar toda mi vida con tal de que la hija de nuestro amado
Rabino finalmente se cure ...
A la semana siguiente el milagro había sucedido, y
la hija del Rav se había curado completamente ...
Para reflexionar: Si aquellos sagrados presos
estuvieron dispuestos a donar parte de sus vidas - e inclusive toda la
vida - con tal de salvar la vida de la hija del Rav Arie Levin, ¿acaso
nuestros hermanos judíos alejados de la vida judía no merecen una
"donación de tiempo" similar de nuestra parte, para
salvarlos del alejamiento y la asimilación? Si cada uno
de nosotros hace una donación de este tipo, seguramente que muchas
vidas judías podrán ser salvadas por mérito de esto
"Quién salva a una vida es como si
salvase al mundo entero"