El socio Había
una vez un señor llamado Moishele, el cual
tenia una posada en la cual vendía bebidas y alimentos para los
viajeros. Además
de atender con mucha calidez a sus clientes, cada vez que alguien tenia
algún problema venía y se lo contaba a Moishele. Alguien
que se caso y no podía tener hijos (que
a nadie le pase) venia y le contaba a Moishele su pena. Moishele lo
calmaba y le decía: “no te preocupes, vas a tener hijos”. Alguien que
no tenía trabajo venía y le contaba a Moishele y Moishele le decía:
“no te preocupes, vas a encontrar trabajo”. Increíblemente, cada
bendición que daba Moishele al poco tiempo se cumplía. Una
vez escucho un gran sabio acerca de las "bendiciones" que repartía
Moishele mientras
atendía a sus clientes. Decidió
ir a visitar a Moishele e inquirir cual es el merito especial que tiene
que cada bendición que el brinda se cumple. Moishele
no quería contar, pero como era un sabio tan importante, finalmente
accedió a su pedido y le contó así. Resulta,
que una vez en mi familia éramos realmente muy pobres, tan pobres que ni siquiera había para comer. Mi
sagrada esposa se dirigió a mí y me dijo: Moishele, tienes que buscarte
un socio, de lo contrario nos vamos a morir literalmente de hambre. Si no
puedes hacer buenos negocios tu solo, quizás con un buen socio nuestra
situación mejore. A
Moishele le pareció muy inteligente el pedido de su esposa, y emprendió
sus pasos hacia la calle decidido a buscarse un socio. Mientras
pensaba en un socio se dijo Moishele a sí mismo: ¿Que clase de socio me
voy a buscar? ¿Uno que hoy esta y mañana deja este mundo? ¿Uno que hoy
es fiel y quizás mañana me traiciona? Yo necesito un socio de verdad, un
socio que nunca me falle. Elevo
entonces sus ojos hacia el cielo y le dijo a Hashem: "A partir de
ahora vos vas a ser mi socio. De lo que yo gane la mitad va a ser para mi
y la mitad para vos, la mitad para tzdaka y otras mitzvot, y la otra mitad
para el mantenimiento mío y de mi familia". Y
continuo contándole Moishele a aquel gran rabino: a partir de ese momento
empecé a vender bebidas y alimentos en el patio de mi casa, y con lo que
ganaba hacia exactamente lo que había acordado con el Creador (si bien de
acuerdo a la ley judía, en circunstancias comunes no esta permitido dar
mas del 20 %). La mitad lo colocaba en una alcancía detrás del mostrador
y la otra mitad era para mi y mi familia. Cuando
la gente viene y me cuenta sus problemas, las bendiciones que yo les doy
no son mías, sino que son las bendiciones de mi socio... Mensaje: siempre debemos recordar que tenemos un socio que siempre esta junto a nosotros. En la medida en que asociemos al Creador a nuestra vida y hagamos Su voluntad, todas Sus bendiciones fluirán hacia nosotros y seremos también para bendición de todos los que nos rodean. Que
podemos aprender del cuento? Que mensajes para la vida cotidiana podemos
extraer de aquí? Uno
de ellos es que nos muestra que el trabajo en este mundo no es una tarea
facil, todo el tiempo surgen obstáculos que tratan de impedirnos estar
contento y nos tratan de sacar las ganas de hacer el bien, pero no hay que
desesperarse.
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