Doble Consuelo Había
una vez un judío muy pobre que estaba empleado en la hacienda de un
gran terrateniente en las afueras de Bialyistock. Una
vez este terrateniente dejó por un día su hacienda por motivos
urgentes y al llegar el judío a la mañana siguiente para trabajar
fue golpeado duramente sin motivo por el encargado de la hacienda .
Este le profirió al pobre hombre diez fuertes latigazos. Al
llegar e la noche el dueño de la estancia, el judío llorando le
contó lo que había pasado y como el encargado de la haciendo lo
había lastimado. El
dueño enojadísimo le puso una multa de 1.000 rublos por cada golpe
al encargado de la hacienda. El buen hombre llegó a su casa y se
puso a llorar. Su mujer al verlo llorando le preguntó que le había
pasado. Porque lloraba. Miró
a su esposa desconsolado y el dijo: - Lloro poque solamente me pegaron diez golpes y no veinte, contandole lo que había pasado. |