Beshalaj

 

La libertad se conjuga en un canto

 

El pueblo judío ha aprendido a cantar. El canto lo mantuvo vivo a lo largo

de su historia y le permitió recrear -por medio de sus melodías- la memoria

de su pasado, los hechos del presente, el aliento para el futuro.

En este Shabat arribamos al instante tal vez más trascendental en lo que a

nuestro "lanzamiento a la vida" se refiere: "Beshalaj" es el nombre de

nuestra perashá, que significa: "Cuando expulsó".

Am Israel camina hacia la libertad, expulsado o enviado desde Egipto...

Pero nuestro Beshalaj no es el permiso para salir, sino que es nuestro

derecho a vivir en dignidad; no es la "autorización" para ir y servir a

D-s; es nuestro deber para encontrarnos con Él y Amarlo...

Pero el episodio dominante no lo constituye sólo la salida. Se sale

verdaderamente de Egipto cuando se entra definitivamente a Israel. Mientras

tanto la esclavitud se percibe, se vive...

Pero hay un mar... Ancho, inconmesurable; un mar que atemoriza. Un mar

"Rojo", tal vez porque el cruzarlo costaba la vida... "Shirat ha-Iám", el

canto entonado por Moshé y los hijos de Israel al cruzarlo, es el rasgo

peculiar de esta perashá que le concede un nombre propio a este Shabat. Un

Shabat donde la libertad comienza a conjugarse con un... canto. Asistimos a

un nuevo Milagro. El pueblo de Israel podía ver con sus propios ojos la

salvación de Su D-s, Omnipotente y Omnipresente. "Raatá shifjá al-haíám, ma

sheló jazá Iejezquel ha-naví" insinuaban nuestros maestros, "la sierva pudo

ver en el mar, más que Iejezkel -el profeta- en sus profecías". Y por otro

lado sentenciaban: "Dor she-raá, enénu shoel" - "la generación que vio (un

hecho, un suceso determinado), no tiene preguntas". Sin duda el episodio

relatado en nuestra porción semanal había dejado una profunda impresión -no

tan sólo en el pueblo judío- sino precisamente en todos los alrededores:

"Shameú amím irgazún, jil ajaz ioshebé peláshet" - "Los pueblos lo oyeron y

se estremecieron, el temor se apoderó de los filisteos", recoge en uno de

sus párrafos nuestra canción. Nada ha pasado desapercibido para el hombre

bíblico. Mucho menos para nuestros maestros, quienes a lo largo de la

prolífica creación literaria judaica, vieron en este canto un mensaje de

vida permanente, a través del cual identificaron la historia y el devenir

mismo del pueblo de Israel.

Así en la Mishná, Tratado de Pirké Avot -Tratado de Principios-, que

contiene la sabiduría generacional de nuestros Rabinos desde Moshé Rabénu

hasta Rabí Iehudá ha-Nasí (compilador de la Mishná), y sobre cuyo eje gira

la "Torá she-beal Pé" -la Tradición Oral- del pueblo judío, en el capítulo

5, Mishná 3, nos explican que: "diez milagros acontecieron a nuestros

antepasados en la tierra de Egipto, y diez frente al mar..."

Nuestro deseo es acercarles a Uds. un aspecto, al menos desconocido, y es

el que se refiere a estos diez milagros acontecidos en el Mar Rojo. Dichos

milagros no son mencionados explícitamente en nuestra Torá, pero nos han

llegado a través de la transmisión oral. Los mismos son explicados en el

Midrash ("Tanjuma BeShalaj") y en "Avot de Rabi Natán" (Cap. 33), y

siguiendo el criterio ordenado por Maimónides -en su comentario a Avot-,

pasamos a detallarlos:

 

1) "...Y fueron divididas las aguas..." (Éxodo 14:21)

2) El mar se transformó en una suerte de tienda: "Y el camino era como si

hubiese una abertura en las aguas, que estaban a derecha e izquierda y por

encima de ellos" (una suerte de "Túnel bajo las aguas"), así lo explica el

Rambám.

3) El lecho del mar se transformó en "iabashá" -tierra seca-, tal como está

escrito: "...mas los hijos de Israel anduvieron por lo seco en medio de la

mar". Y acota Maimónides: "Y no hubo en el fondo de la mar ni arenas

movedizas ni lodazales, como ocurre en los demás casos".

4) Que al intentar cruzar el Mar Rojo, en su afán de perseguir a Israel,

los egipcios, sus carruajes y caballos se hundieron en el fondo de la mar,

ya que el mismo era lodazal y barro.

5) Que el Mar Rojo se subdividió en doce partes, para que cada una de las

tribus de Israel lo atravesase en forma individual, tal como lo testimonia

el Salmo (136:13): "Al que dividió al Mar Rojo en partes".

6) Las aguas fueron congeladas y se endurecieron como rocas, tal como lo

expresa otro pasaje de los Salmos: "Tú hendiste la mar con Tu potencia;

quebrantaste las cabezas de los monstruos de las aguas" (Salmos 74:13). Es

decir, que las "cabezas de los egipcios quienes perseguían a los

israelitas, se quebrantaron en las aguas".

7) Que las aguas congeladas no conformaron un bloque único, sino pequeños

bloques, tal como las piedras de un edificio en construcción ordenadas una

al lado de la otra, así como está dicho: "Tú hendiste la mar con Tu

potencia" (Salmos 74:13).

8) Que las aguas congeladas eran como vidrio traslúcido y transparente, de

tal modo que las tribus al cruzar el mar, podían verse unas a otras.

9) Que fluían aguas dulces (de en medio del agua salada) para que los niños

pudiesen beber.

10) Que después de haber bebido lo necesario, las aguas dulces volvieron a

su estado natural, y se hicieron montículos, como lo atestigua la misma

"Shirá" (Éxodo 15:18): ..."Se amontonaron las aguas, detuviéronse las

corrientes como en un montón..." (Rambám, Comentario a Pirké Avot, Cap.

5:III).

Así habremos de notar que el cruce del Mar Rojo sucedió y no pasó

desapercibido. Que al evocar en este sagrado Shabat uno de los momentos

culminantes de nuestra historia, sepamos captar algo del mensaje que D-s le

insinuó a Moshé: para la libertad, basta con dar el primer paso. "¿Má

titsák elái? ¡Daver el Bené Israel ve-isáu!" - "¿Por qué me clamas a Mí?

¡Háblale a los Hijos de Israel, y que se movilicen!"

Es tiempo de movilizarnos. Es tiempo de libertad. Es tiempo de cantar. Es

tiempo de eternidad... "Az iashir Moshé uBené Israel..."