PERASHA BESHALAJ:

Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección

"La lucha por el sustento"

 

Uno de los temas centrales de nuestra fe es que el ser humano debe aceptar y entender que Hashem es quien le otorga el sustento, de la misma forma que mantiene al resto del mundo, desde los cuernos del unicornio hasta los huevos de los piojos. La persona que transgrede los preceptos de la Torá no hace más que arruinar la Berajá que Hashem le quiere dar. En esta Perasha leemos lo que sucedió en el desierto con nuestros antepasados que salieron de Egipto. Se alimentaron en forma milagrosa con el Man que caía del cielo. Al comentar la Halajá del primer capítulo del Shuljan Aruj que se refiere a lo positivo de leer todos los días la Perasha del Man, el libro Mishná Berurá escrito por el Jafez Jaim explica: "para adquirir la fe de que todo el sustento proviene de la Supervisación Divina y no servirán los esfuerzos excesivos. En el Talmud Ierushalmi está escrito que todo aquel que lee la Perasha del Man con seguridad que no le faltarán sus alimentos". Evidentemente que no sólo se trata de leer, sino también de comprender qué es lo que sucedió con el Man. Intentemos analizarlo.

 

"Habló Hashem a Moshe diciendo: Escuché las murmuraciones de los hijos de Israel, diles: a la caída de la tarde comeréis carne y por la mañana os hartaréis de pan y sabréis que yo soy el Eterno, vuestro Di-s" (Shemot 16). Como explica el Talmud en Ioma 76: "le preguntaron sus alumnos a Ribi Shimhon Ben Iojai: ¿por qué no caía el Man sólo una vez y para todo un año? El Rab les respondió con un ejemplo: "un rey que tenía un hijo único, determinó que le daría una sola vez su sustento necesario para todo ese año. Como el hijo sólo concurría en esa oportunidad a ver a su padre, el rey determinó que le daría el sustento día por día para poder verlo continuamente. Es lo que sucedió con el Man, cada día estaban pendientes acerca de si caería o no. De esta forma mantenían su corazón unido a Hashem". Es realmente soprendente, pues nos referimos a una generación que observó todos los milagros de la salida de Egipto, el cruce del Mar Rojo y la entrega de la Torá en el Monte de Sinai. Sin embargo, fue necesario que cayera el Man todos los días para que así no se olvidaran de Hashem. Más aún en nuestros días en los que no vemos en forma clara la presencia de Hashem como ellos sí pudieron verla, necesitamos despertar en nuestra conciencia este concepto. Es por eso que debemos hacer Tefilá tres veces por día y estudiar Torá para así tener presente que todo lo que recibimos proviene de Hashem.

 

El milagro del Man sucede en todas las generaciones. La diferencia radica en que mientras en el Man el milagro se apreciaba a simple vista, esto no sucede en todas las épocas. Precisamente, el objetivo del milagro del Man -como el de los ocurridos en la salida de Egipto- era irradiar en los Iehudim la certeza de que el mundo no se comporta en forma natural, sino que hay Quien lo supervisa y lo dirige. Es lo mismo que sucede con el sustento humano: "y te hizo comer el Man ..... para hacerte saber que no sólo del pan vive la persona, sino de todo lo que sale de la boca de Hashem vive el hombre" (Debarim 8).

 

No fue una tarea sencilla que los Iehudim adquirieran esa fe. Durante cuarenta años necesitó el pueblo de Israel recibir el Man diariamente para poder aprender esta base. Pero no era sólo éste el milagro del Man, sino que muchas enseñanzas más podemos adquirir. "Dijo el Eterno a Moshe: he aquí que haré llover de los cielos pan para vosotros, saldrá el pueblo y recogerá la porción diaria en su día, para probarlo si se comporta con mi Torá o no" (Shemot 16). Rashi nos aclara que el versículo se refiere a si cumplirían las órdenes relativas a la recolección del Man: no guardar de un día para el otro, no salir el Shabat a recolectar, etc. No todos cumplieron como correspondía: "Esto es lo que ordenó el Eterno: recoged del Man cada uno según su comida; un omer (medida) por cabeza según el número de vuestras almas, de acuerdo con quien está en su tienda tomaréis. Así hicieron los hijos de Israel y recogieron; el que más y el que menos" (Shemot 16). Rashi explica que, si bien la orden era de recoger una medida específica por persona, hubo quienes recogieron mucho y quienes recogieron poco. Sin embargo, cuando regresaron a sus hogares y constataron lo recogido con la medida del omer, encontraron que quien había recogido mucho no tenía de más. Por otra parte, a quien había recogido de menos nada le faltaba de la medida estipulada.

 

Sucedió lo que observamos con claridad en nuestros días. La riqueza no depende del esfuerzo excesivo, sino de la Berajá de Hashem y de los méritos adquiridos por cumplir con los preceptos. Seguramente que en aquella época hubo quien fue a recoger el Man día tras día lejos de su campamento y habrá llevado consigo muchas bandejas para poder juntar la mayor cantidad posible. Quizás llevó también alguna carretilla para poder transportar con más facilidad lo que recogería. Sin embargo, al llegar a su hogar se dio cuenta de que todo su esfuerzo había sido en vano, ya que sólo tenía lo que había sido designado por Hashem: una medida por cada persona de su hogar. Quien por el contrario, sin un esfuerzo excesivo, salió a buscar lo que le correspondía, terminó recogiendo lo mismo que aquel que tanto se había esforzado. ¿No vemos acaso hoy a personas que intentan por todos los medios acrecentar sus bienes y sin embargo no lo consiguen pese a sus esfuerzos? Por el otro lado, cuántas personas en un sólo movimiento comercial consiguen la bendición de Hashem. ¿Acaso no vemos que no hay relación entre el esfuerzo y el sustento? Por supuesto que la Berajá de Hashem se posa sobre el que busca un medio para encontrarla: "y te bendeciré sobre todo lo que hagas", pero nos referimos a no buscar con desesperación y trabajo desmedido, sino a mejorar el cumplimiento de los preceptos para poder recibir la Berajá de Hashem fijada desde principio de año. El Talmud en Besá 16 lo menciona: "los alimentos de la persona están determinados desde Rosh Hashaná con excepción de los gastos de Shabat, Iom Tob y educar a los hijos en el camino de la Torá". Rashi explica que no se debe malgastar el dinero que obtuvo, porque no se lo devolverán del Shamaim salvo las excepciones de Shabat, Iom Tob y Talmud Torá que no pertenecen a esta cuenta. Mientras más gaste para esas situaciones, más le devolverán.

 

Así explica Ribi Meir en Kidushin 82: "que la persona le enseñe a su hijo una profesión limpia (de transgresiones) y sencilla y que haga Tefilá al Dueño de la riqueza, ya que no existe una profesión en la que no haya en ella ricos y pobres, sino que todo depende del mérito de la persona". Ribi Shimhon ben Elhazar agrega: "¿acaso viste alguna vez una bestia o un ave que tengan una profesión?, éstas se alimentan sin sufrimiento y fueron creadas para servir a la persona. Yo, que fui creado para poder servir a mi Creador, ¿acaso no corresponde que mi sustento sea sin sufrimiento? Sino que con seguridad cometí malos actos y por ellos perdí mi sustento". Ribi Nehorai dice: "dejo de lado todas las profesiones del mundo y no le enseño a mi hijo sino Torá, ya que el hombre recibe en este mundo el pago de ella y el capital queda pendiente para el mundo venidero. En cambio, las otras profesiones no son así. Cuando la persona es anciana, se enferma o tiene sufrimientos y no puede trabajar, muere de hambre", concluye Ribi Nehorai. La Torá -por el contrario- cuida a la persona de todo mal en su juventud y le da esperanza en su ancianidad. Recordemos también lo que dijo el Jafez Jaim sobre aquellos que se sumergen en el trabajo olvidándose de alimentar el alma espiritual: "es sorprendente, ¿cómo es posible que lo que Hashem determinó como maldición luego del pecado de Adam Harishon: "con el sudor de tu frente comerás el pan" (Bereshit 3) los seres humanos lo tomen como Berajá?".

 

Muchos milagros sucedían con el Man, para demostrar que la llave del sustento está en las manos de Hashem: caía con una capa de rocío por arriba y otra por debajo de manera que llegara limpio completamente; lo que sobraba de un día para el otro se descomponía y se llenaba de gusanos; el día viernes recogían una porción doble ya que en Shabat no caía y en este caso especial no se descomponía al otro día; cambiaba el gusto de acuerdo con el deseo individual; en Shabat tenía un sabor especial; el cuerpo lo absorvía sin que hicieran sus necesidades fisiológicas. El Man incluso descubría a los transgresores: si por una pelea una mujer abandonaba a su marido e iba a la casa de sus padres, la señal para ver quién era el culpable de lo que sucedía era el propio Man. Si la porción correspondiente a la mujer caía en la puerta de la casa del marido, demostraba la culpa de la mujer por lo sucedido. Si en cambio caía en la casa de su padre, testimoniaba que el proceder de la mujer al abandonar a su marido había sido correcto.

 

La Torá concluye este tema con la orden de Moshe a Aharon para que tomara una medida del Man y la guardara dentro de una vasija. De esta forma, todas las generaciones futuras tendrían un testimonio del pan que Hashem había dado a nuestros padres al sacarlos de Egipto. Rashi comenta que se refiere específicamente a la época de Irmeiá el profeta (luego de casi novecientos años). Cuando el profeta reprendió al pueblo porque no se ocupaban de la Torá, ellos le contestaron: "si dejamos nuestro trabajo y nos ocupamos de la Torá ¿de dónde extraeremos nuestro sustento?". A pesar del paso de los años, se sigue escuchando el mismo error de concepto. El profeta Irmeiá extrajo entonces la vasija en la que estaba guardado el Man y les dijo: "¡Observen!, de esto comieron vuestros antepasados. Muchas maneras tiene Di-s para preparar el sustento a quienes le temen". Todos conocemos lo que la Mishná en Abot 3 comenta: "si no hay harina no hay Torá", refiriéndose a la dificultad de cumplir los preceptos si no existe el mínimo sustento. Pero recordemos también lo que la misma Mishná nos dice: "si no hay Torá no hay harina", o sea, que sólo por el mérito de cumplir y estudiar la Torá podremos recibir la Berajá de Hashem.

 

Sobre el versículo de Tehilim 55: "tira a Hashem tu carga y Él la sostendrá", el Jafez Jaim lo compara con la siguiente parábola: "un pobre iba en el camino con sus mochilas pesadas sobre su hombro, cuando se detuvo una esplendorosa carreta de un millonario que lo invitó a subir a la misma. El pobre le agradeció y subió a la carreta, pero siguió sosteniendo la mochila sobre su hombro. El rico le dijo: "¿acaso crees que de esa forma alivianarás el peso de la carreta?, ¡apoya la mochila!". El Jafez Jaim nos enseña que ésa es la posición de quien cree que "ayudará" a Hashem con esfuerzos desmedidos en su trabajo. "Tira a Hashem tu carga", o sea deposita sobre el Creador tu esperanza y seguramente se cumplirá el final del versículo: "Él la sostendrá".

 

En una oportunidad, una persona muy pobre visitó al Jafez Jaim para narrarle su terrible situación. En el medio de la conversación, el Jafez Jaim se dió cuenta de que se trataba de una persona que siempre había vivido con lo justo, pero en su afán de enriquecer compró un billete de lotería e hizo Tefilá a Hashem día y noche para ser el ganador. Finalmente resultó favorecido, pero la riqueza que adquirió rápidamente la perdió en un mal negocio hasta quedar luego en una situación insostenible. Suspiró el Jafez Jaim y le dijo que lamentablemente no lo podía ayudar, ya que en el Shamaim pregonan lo que la persona ganará en cada día de su vida y no debió haber molestado a Hashem para ganar el sorteo. "¡Te dieron en forma adelantada el sustento de varios años y lo perdiste! ¿Cómo puedo ayudarte ahora?"....

 

La Mishná en Abot define al rico con la expresión: "se conforma con lo que tiene". En una oportunidad un rey muy rico que poseía un jardín lleno de árboles frutales, colocó un cartel que decía: "quien se conforma con lo que tiene, recibirá como regalo este jardín del rey". Cada persona que transitaba por el lugar, se lamentaba de tener problemas económicos, de salud, familiares o de cualquier otro tipo que les impedían pedirle el jardín al rey. Finalmente un millonario pasó por el lugar y al ver el cartel pensó: "no me falta nada y estoy alegre con lo que tengo, entraré del rey y le reclamaré el jardín". El rey luego de escucharlo le dijo: "si realmente eres feliz con lo que posees, ¿para qué reclamas algo que no es tuyo?".

 

Concluyamos este comentario recordando lo que está escrito en el libro "Pele Ioez" sobre el tema "Parnasá" (sustento): "es sabida la discusión en el Talmud Berajot 35 entre Ribi Shimhon ben Iojai -que sostiene que la persona debe estudiar Torá en forma continua y su trabajo será realizado por otros- con Ribi Ishmael que opina que se debe estudiar y trabajar a la vez. Los comentaristas del Talmud opinan que ambos criterios son correctos: aquellos que se comportan con Jasidut les llega su sustento en forma milagrosa y con un pequeño trabajo reciben la Berajá de Hashem. El resto del pueblo recibe de Hashem en forma normal, con su trabajo. Pero por más que la situación sea difícil no se deben perder las Tefilot con Sibur (Shajrit, Minjá y Arbit), se deben fijar tiempos diarios de estudio de Torá .... y sobre él Hashem depositará su Berajá. Pero en Shabat, en Iom Tob, en Jol Hamoed y en cada momento libre no debe desaprovechar el tiempo sino que debe ocuparse del estudio de la Torá. En sus actos diarios debe comerciar con honestidad, cuidarse de cualquier transgresión y realizarlos en nombre de Hashem y decir todos los días: "voy a trabajar, confío en que Hashem me dará la fuerza necesaria para poder conseguir mi sustento para mí y para mi familia en forma honrosa para poder dar Sedaká, hacer favores al prójimo y poder cumplir los preceptos de mi Creador como corresponde. Ayúdanos Di-s de nuestra salvación por la honra de Tu nombre .... haz con nosotros Sedaká y favor por Tu nombre grande". Amén.