PERASHA BERESHIT:

"A Su imagen y semejanza"

Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.

 

Bereshit: la creación del mundo. Nuestros Sabios nos enseñan que se debe ser precavido al intentar explicar un tema tan profundo. Cualquier error de apreciación o una mala interpretación pueden ocasionar dudas que la fe llana y sencilla del corazón puro de cada Iehudi no hubiese imaginado. Debemos tener presente que el entendimiento humano es limitado, nunca podrá comprender cómo ocurrió la creación. Corresponde aplicar en este tema más que en cualquier otro, el concepto que el Talmud en Jaguigá 13 comenta: "no investigues los temas elevados, no averigües sobre temas ocultos". Si esto es así con respecto a la creación del universo, cuando analizamos la creación de la persona se multiplica la dificultad. "Y creó Di-s a la persona a Su imagen, con la imagen de Di-s lo creó" (Bereshit 1). ¿Acaso hay posibilidad de comprender este versículo? ¿Cuál es la similitud entre la persona y Di-s? Uno de los trece principios de la fe que enumera el Rambam es que: "el Creador, Alabado sea Su nombre, no es corpóreo y no posee forma alguna". ¿Acaso podemos analizar un tema tan delicado? Intentemos hacerlo concientes de nuestras limitaciones y basándonos en los conceptos de los grandes Sabios de Israel que nos aclaran el tema.

 

Todas las explicaciones al respecto parten de un denominador común: todo tipo de similitud que se intente encontrar estará relacionada con temas espirituales y no materiales, ya que -como explicamos- en el Creador no hay forma ni cuerpo. Por otra parte, en esa misma similitud a la que nos referiremos nunca se podrá igualar totalmente a la persona con Su Creador. El primer punto de comparación que encontramos es que el ser humano, a diferencia de las demás criaturas del universo posee la "Neshamá", el alma que Di-s le insufló y que es una propia parte del Creador. El Maharal de Praga lo explica claramente: "el sentido del versículo "Haremos un hombre a nuestra imagen y semejanza" (Bereshit 1) es que existe una chispa Divina en el ser humano y a eso se refiere la imagen Divina que distingue al hombre del resto de las criaturas". Más aún, no sólo que la persona posee esa chispa Divina, sino que ella representa lo principal de su vida. El cuerpo material no es sino la vestimenta del alma espiritual que lo iguala en cierta medida al Creador haciéndolo inmortal, ya que si bien existe un final para el cuerpo, el alma en cambio es eterna.

 

El segundo punto de comparación de la persona con el Creador está basado en que el ser humano posee un grado de inteligencia superior al del resto de las criaturas. Rashi comenta en Bereshit 1 sobre el término "y semejanza" que significa que la persona tiene la posibilidad de "pensar y deducir". El hombre puede no sólo comprender distintos temas, sino que también puede deducir un razonamiento de otro. Gracias a esa posibilidad, está en sus manos descubrir nuevos adelantos y perfeccionar el nivel de vida, algo que no existe en el mundo animal. Gracias a esa facultad, el hombre puede en cierta forma prever el futuro privándose de placeres que le acarrearán consecuencias negativas. En este punto se compara a Di-s, ya que a pesar de que la inteligencia humana es nula y absurda frente a la Divina, representa en la tierra el nivel de sabiduría más elevado que existe.

 

La base de nuestra fe es que Di-s creó el mundo. No fue una explosión cósmica o un accidente, sino que el extraordinario mundo que nuestros ojos ven fue el resultado de la orden y deseo de Di-s. Su orden creó "todo de la nada" y El es el que le otorga al mundo la fuerza para su mantenimiento. En este punto, es en donde encontramos otra "similitud" con el Creador: el poder de elección. ¿Qué sucede con el mundo animal? El comportamiento que rige sus actitudes no es posible de ser modificado: el león que atrapa a su presa en la selva o simplemente el toro que arranca la hierba del pasto para alimentarse, no tienen chance de variar su ritmo y forma de vida. En cambio, en el ser humano nunca se puede saber con exactitud cuál será su reacción. No existe nada en él que predetermine ciertamente cómo responderá en cada circunstancia de su vida. Podemos imaginarnos de acuerdo con su preparación previa cómo actuará, pero siempre estará en su mano la posibilidad de modificar lo previsto. Es el famoso "libre albedrío", que le permite utilizar la fuerza que Di-s le otorgó para cumplir con su palabra o -Di-s no lo permita- para rebelarse a Su Creador. De la misma forma que Hashem por su propia voluntad creó el universo, las actitudes de la persona dependen sólo de su propia elección. Nos encontramos con otra de las explicaciones de nuestros Sabios al término "a su imagen y semejanza".

 

Uno de los calificativos con el que mencionamos al Creador es el de "Melej", o sea: Rey del mundo. El Talmud en Berajot 40 determina que toda bendición que se recita en la que no se incluye el término "rey del mundo" no tiene valor. Simbolizamos de esta manera Su poder absoluto para gobernar y dirigir lo que sucede en toda Su creación. Encontramos en el ser humano una similitud al respecto. Luego que Adam y Java fueran creados, escucharon la orden de Di-s: "procread y multiplicaos, llenad la tierra y conquistadla, dominad sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos y en toda bestia que se mueve sobre la tierra" (Bereshit 1). El Maharal de Praga explica que existe una señal inconfundible de este predominio del hombre sobre el resto de las criaturas: es el único que se encuentra erguido y camina sobre sus piernas, a diferencia del resto de las criaturas que lo hacen en cuatro patas, mostrando así la subordinación al ser humano. Es así que el hombre domina a lo animal, vegetal e inerte utilizándolo de acuerdo con sus necesidades. Es el único que adapta lo que se encuentra a su alrededor para su beneficio, a diferencia del animal que se adapta a sí mismo de acuerdo con su alrededor. El hombre -por otra parte- nunca permanece estático. Continuamente, tanto en lo material como en lo espiritual, la persona crea y renueva todo positiva o negativamente. ¿Acaso no es comparable -aunque sea en una ínfima parte- al Rey del mundo que "renueva con su bienestar cada día continuamente la Creación"? (Tefilá Shajrit).

 

Para completar este concepto de "imagen y semejanza" analicemos un punto más: cada ser humano es único en sí mismo. No existen dos personas iguales, no sólo física sino también ideológicamente. Cada uno posee su propia personalidad. Hashem podía crear la especie humana con varios "Adam"; sin embargo, prefirió hacerlo sólo con uno para enseñarnos esta base fundamental: cada persona es única en el mundo. "Todo el que mantiene un alma de Israel se le considera como si hubiese mantenido al mundo entero" (Sanhedrin 37). Nos encontramos frente a una nueva similitud con el Creador. Está escrito sobre él que "es Único y no hay único como su Unidad, es oculto e infinito en Su Unión" En el ser humano también existe una especie similar de unicidad como con el Creador.

 

A esta altura podríamos sentirnos orgullosos de igualarnos a Hashem. El Pirke Abot 3 comenta: "es querida la persona que fue creada a Su imagen; por un cariño especial se le hizo saber que fue creada a Su imagen". Pero atención, que ello implica una enorme responsabilidad, como bien menciona Rashi en esa sección: "es por eso que debe hacer la voluntad de Su creador". De manera tal, que todas las características que mencionamos anteriormente que el hombre dispone para poder elegir el bien, pensar, razonar y beneficiar al prójimo, se encuentran en su interior y es su obligación desarrollarlas en la práctica. "Sagrados serán, porque Yo Di-s soy Sagrado" (Vaikrá 19); una de las explicaciones de este versículo es que debemos igualarnos a Hashem en la máxima medida posible y a eso se refirió el versículo de Bereshit 1 "haremos un hombre a nuestra imagen y semejanza" (Seforno). Por supuesto que este concepto abarca no sólo un cumplimiento estricto de los preceptos "Ben Adam Lamakom" o sea entre la persona y el Todopoderoso, sino también aquellos que se conocen con el nombre de "Ben Adam Lajaberó", entre la persona y su compañero. Debemos copiar sus actitudes, como el Talmud menciona: así como El es piadoso, tú debes ser piadoso; así como El tiene misericordia, tú debes ser misericordioso; así como El otorga favores, tú debes hacer favores". Es la prueba verdadera de si se lleva a la práctica o no la similitud que existe entre el hombre y Hashem. "El favor de Di-s llena la tierra"(Tehilim 33) y quien se ocupe por desarrollar esa llama interna que posee, se igualará con Su Creador. Qué maravillosas son las palabras de nuestros Sabios que nos enseñan que el término "Adam" (persona) no sólo proviene de la raíz "Adamá" (tierra) de la que fue creado, sino también del término "Adamé Leelion" (me igualaré a Mi Creador).

 

Luego de todas estas reflexiones podemos afirmar: qué triste es observar a quien no utiliza todos esos instrumentos espirituales que posee y se deja doblegar por su instinto material. Si bien recibe la calificación y título de ser humano, sus actos en realidad no son muy distintos de los del resto de las criaturas de la tierra. Y lo que es más grave aún, el animal no tiene otra alternativa de comportamiento, mientras que la persona tiene la oportunidad de convertirse en "Adam". Quien -por ejemplo- cuando el apetito lo domina, no piensa si lo que ha de ingerir es un alimento que Di-s le permitió comer y se deja llevar sólo por su instinto del momento, ¿en qué se diferencia del animal? En el día más sagrado del año, el día de Kipur, finalizamos la Tefilá de Nehilá diciendo: "¡qué es lo que somos! ¡qué es nuestra vida!, todos los poderosos son como nada frente a Ti y los hombres de nombre como si no existieran... y la diferencia de la persona con el animal es nula porque todo es vano. Sólo que Tú diferenciaste al ser humano desde el principio y lo reconociste para que sirviera delante tuyo". La persona no es como el animal, posee el libre albedrío y el alma pura que es una propia parte de Di-s. En su interior tiene el raciocinio y entendimiento que le posibilitan dirigir su vida en el más elevado camino espiritual, que le permiten recibir el título de "la corona de la Creación". El profeta Irmeia 47 lo sintetiza: "Así dijo Di-s: "Que no se alabe el sabio con su sabiduría, que no se alabe el fuerte con su fortaleza ni el rico con su riqueza. Sólo en esto que se alabe quien desee enaltecerse: en pensar y reconocer que Yo soy Di-s que hace el favor, rectitud y justicia en la tierra, porque esto quiero dijo Di-s". Capacidad, poder, riqueza o cualquier otra cualidad similar están incluidas en el concepto de vanidad y no es digno que la persona se enorgullezca de ellas. Sólo quien trabaja sobre sí mismo para ser la imagen Divina que Di-s pensó al crear a Adam Harishon, será digno de ser alabado. Sólo quien cumple la orden de su mente y no el deseo de su cuerpo, sólo quien tiene presente a Su Creador en cada paso de su vida será merecedor de llevar el título de "Adam" con todo lo que ello implica. Tengamos el Zejut de que se cumpla en nosotros el versículo: "y creó Di-s a la persona a Su imagen y semejanza" (Bereshit 1). Amén.