Behar
A buen entendedor...
"Y cuando empobreciere tu hermano y decayere a tu lado, tú le
apoyarás,
(aunque fuere extranjero o forastero), para que pueda vivir junto a ti.
"No tomarás de él usura ni ganancia (teniendo
temor a tu D-s), para que
pueda vivir tu hermano junto a ti..." (Vaikrá Cap.25:35-36)
Esta "pequena" perashá, y lo decimos entre
comillas, pues ésa será la
primera impresión del lector circunstancial ante tan poca extensión -a
nivel versículos o capítulos-, nos plantea la realidad tal cual es. Nos
presenta un cúmulo de Mitsvot que, como la mayoría de ellas, están
referidas al "corazón del ser humano por doquier" para su implementación,
aunque están dirigidas a re-crear su sensibilidad -humana y sobrehumana- al
convocarlo a intentar ser más y mejor allí, en medio de la
soledad que su
sociedad de consumo le genera. Y así, entonces, es que
elegimos nuestro
comienzo, nuestro "leit motiv" para nuestro encuentro de Shabat. No, no es
la pobreza lo que preocupa; son los pobres. Pero ni siquiera tal
denominación refiere la Torá. La Torá es
muy clara al respecto: "...cuando
empobreciere tu hermano..." Ese alguien es tu hermano ante todo. Alguien
idéntico a ti, con tus mismos suenos, con idénticas ambiciones, con más o
menos fracasos aunque con las mismas alegrías, tristezas, desamparos y
frustaciones tal vez... Él, no el pobre, está atravesando una situación.
Difícil, durísima, límite. El texto de la Torá cuida
tanto cada palabra
como para insinuarnos a nosotros, pequenos seres, a cuidar cada una de
ellas y no malgastarlas, y es por eso que al hablar de pobreza, o bien del
verbo que "ella practica", lo dice con demasiada claridad:
"Iamuj", verbo que para los conocedores del idioma hebreo, les resultará -a
través de su sonido- muy cercano a "namuj". Y no se equivocan. "Namuj"
quiere decir bajo, algo que disminuye progresivamente hasta -si de sonidos
hablamos- tornarse en inaudible. Así está
ese hermano. Se "Bajó". Tuvo un
"Bajón" como solemos decir. En el orden de lo social, está
ahora "un
escalon más abajo (o varios?) del resto de sus amigos".
La pobreza según
la Torá sería como un estadio "medido por los seres
humanos", en el cual al
estar "todos en escena", el que se "baja", deja momentáneamente de
actuar y
ser parte del ostracismo que impone esa sociedad. Ser pobre es estar abajo,
y si vale la pena insistir, es hablar "en voz baja" también; y esto es
inaceptable. Allí entonces vendrá la
lección. Pero antes, la Torá me
delineará aún más, qué significa
la pobreza.
"U-matá iadó" - "Y
se está por caer" o "decayere" como tradujimos.
No hay
duda de la situación de mi hermano. Se está "cayendo".
Y me dice la Torá
-al lado de este último concepto-: "Imaj" -
"a tu lado". Acá, cerca de mí,
frente a mis ojos, más aún conmigo o lo peor, por mi causa... Entonces,
?qué hacer? La respuesta resultará
obvia si continuamos la lectura. Pero...
?qué motivo esgrime nuestra Torá,
para que, en la descipción de la
dramática situación por la que atraviesa mi "hermano", me involucre hasta
el punto de decirme: "Imaj" - "a tu lado", o bien, como dijimos,
"contigo"?
?Soy acaso responsable parcial o total de lo que a él le ocurre? ?Por
qué?
Nos hacemos estas preguntas, pues el texto bíblico bien podría haber dicho
lo suyo, "evitando" esta última palabra, es decir, la expresión "Imáj"
-"contigo"-, que aparece como si estuviera "de más" en el
versículo.
Recurramos una vez más a nuestros Sabios, para aprender de su experiencia,
una experiencia signada por las pruebas de la vida de cada uno de ellos,
puestas al servicio de su comunidad. Así, entonces lo refiere,
el erudito
líder de los judíos iraquíes, el Rabí Iosef Jaím de
Bagdad, conocido como
el "Ben Ish Jai", un indiscutido maestro y sabio del siglo pasado, en su
comentario a la presente perashá:
"Todo esto se asemeja al caso de un poderoso rey, quien tenía un solo hijo,
que sería a su vez, el único heredero del trono real. Contrató el rey a un
gran sabio, experto en todas las ciencias y le entregó a su único hijo, a
fin de que le instruyese en la sabiduría, y especialmente en todos aquellos
aspectos relacionados con la reyecía y el mandato. El sabio maestro ensenó
al joven, tal como fue requerido, durante un prolongado tiempo, al cabo del
cual lo trajo nuevamente hasta lo de su padre, el rey, y le dijo: 'El joven
ya ha estudiado lo suficiente. !Examínalo!'
"Así lo hizo el rey y he aquí
que halló a su hijo preparado íntegramente
tal cual su deseo, por lo tanto grande fue su regocijo y ordenó entregar
al
sabio educador la cantidad de cien mil monedas de oro del tesoro real, como
así también una orden de distinción y nobleza. Entonces el
sabio dijo al
rey: 'Aún queda una sola cosa que debo ensenarle al joven, y será
suficiente tan sólo una hora para ello; te ruego por tanto, lo envíes a mi
casa para que pueda instruirlo al respecto, y con ello habrá completado
sus
estudios'. Accedió el rey gustoso, y envió
a su hijo heredero a la casa del
sabio.
"Una vez que hubieron entrado a la casa, cerró el maestro
las puertas, tomó
al joven y ató sus dos piernas a un cepo de madera, y
lo castigó duramente
con cincuenta azotes de palo de madera, hasta que la sangre comenzó a
salir
copiosamente de su cuerpo, y el joven gritaba y clamaba de dolor, mas nadie
acudía en su ayuda. Luego lo colocó sobre un carro y lo
envió al palacio, a
lo de su padre, el rey.
"Entonces con gran consternación vio el rey a su hijo, llorando y gritando
de dolor, con su cuerpo sangrante. Y le preguntó: '?Qué te ha sucedido?' Y
le refirió el joven lo acontecido con el sabio. El rey, como era de esperar
se enfureció y ordenó a sus
siervos que apresaren al sabio y que fuera
colgado sobre un árbol, pero les advirtió que previamente lo
trajeran ante
su presencia -antes de ser colgado-, para inquirirlo acerca de tamana
maldad. Lo trajeron entonces ante el rey, y el rey le dijo: 'Ya he ordenado
que te cuelguen, y si hubiera castigo peor que ése, también lo ordenaría.
Sólo dime una cosa: ?Qué tontería
has hecho y qué estupidez has obrado para
con mi hijo? ?No te das cuenta de que has perdido todo el dinero y todo el
honor que te he concedido, y ahora perderás también la vida?'
"Entoces respondió el Hombre Sabio: 'Yo soy un
fiel servidor y no un
embaucador, y por tanto he concluido con mi tarea para con el joven, con
esto que acabo de hacer con él. Pero ante todo te preguntaré si
quieres
hacer de tu hijo un comerciante o un rey. Creo que seguramente querrás
hacer de él un rey, que te suceda. Por lo tanto le entregué a él y le
ensené métodos para gobernar, tal cual lo pediste. Y lo
examinaste y lo
hallaste perfecto. Empero le faltaba una cosa, esencial y fundamental para
saber gobernar. Pues un rey justo hará perpetuar la tierra, y
toda
injusticia será traída ante él
para ser juzgada. Y por tanto, el castigo
que imponga deberá ser graduado de acuerdo a la transgresión
obrada. Y
podrá ocurrir, que se presente ante él
el caso de un hombre que haya robado
cien denarios, y el rey lo mande a castigar con mil lapidaciones. Y el rey,
como en su vida ni siquiera un mosquito lo picó por estar tan
resguardado
en el palacio, no tiene noción acerca de cuál es la 'medida' del
sufrimiento humano al ser lapidado. Y en verdad, si lo castigan con
trescientos golpes, de seguro morirá una muerte horrible, por
haber robado
!cien denarios! ?Cuán grande es
la injusticia cometida?
" 'Es por ello que lo he castigado hasta el límite de lo tolerado, para que
pueda considerar e imaginar el dolor que las lapidaciones provocan, cuando
son diez, o cuando son cincuenta, y así sucesivamente, así entonces sabrá
decretar el castigo acorde al pecado'. Entonces el rey comprendió y se
alegró, y agregó aún más regalos
a los que le hubo dado al gran sabio y
maestro".
Eso es "Imaj". "A tu lado", "contigo". Comprenderlo es saber
vivir su misma
situación. La solución es simple. "Vehejezakta bó": Sosténlo,
fortalécelo... A veces más que el dinero, una palabra de aliento, mi
companía, mi ayuda espiritual -desde mi intimidad- pueden más que todo el
aporte material. "Para que pueda vivir tu hermano junto a ti", concluye
escuetamente la Torá. "Va-Jái". Para que viva. Que
sienta que le estás
dando vida a la "muerte" que le decreta su miedo; al "silencio" (la
"voz
baja") al que lo condenan... Lo deberás apoyar dándole ánimo,
fuerzas de
tus fuerzas y hasta de tu propia impotencia. Sólo cuando se es humano se
comienza a apreciar lo humano. Sólo cuando se carece, tendemos a apreciar
cuanto tenemos.
Y por las dudas, si esta tarea humana no te compromete aún en "tu gran fe y
vocación religiosa", la Torá nos advierte: "Y
tendrás Temor de Tu D-s"...
Porque ese pobre hombre ya no tiene "quien lo mire" y
quien se apiade. Sólo
D-s sabe cuánto sufre; no dejes de mirarlo, dice la Torá. Tendrás
temor de
Él. Que todo lo ve, que todo lo sabe. Que está esperando por ti y por mí,
para que "cambiemos la historia".
Está esperando por nosotros. Porque las "campanas
suenan por ti y por mí".
Esta es la esencia. Es una perashá "muy
corta". Lo que deben sobrar son
acciones, no palabras. Las "campanas aún están sonando". Ojalá que el
sonido sea de paz, de armonía, de sinfonías humanas sensibles al necesitado
en todo lugar, en todo el país, en todo momento. Ese necesitado es "ajijá",
tu propio hermano que espera un gesto de ti.
Bejukotai
La guerra o la paz
En la presente perashá accederemos a la finalización de la
lectura del
tercer libro de nuestra Torá -Vaikrá o
Levítico-, cerrando un nuevo ciclo,
a nivel sinagogal, relativo al aprendizaje -semanal- de nuestra esencia
como pueblo y como individuos.
"Bejukotai", que significa "En Mis Leyes" (dice D-s), nos presenta una
alternativa para ser merecedores de las Bendiciones del Todopoderoso, "si
en Sus leyes nos encaminamos y Sus preceptos habremos de guardar". Estas
bendiciones abarcan -por así decirlo- todos los aspectos de
nuestra
existencia humana: el Económico "y comeréis vuestro pan con hartura"; el de
la Seguridad "y habré de extender la paz sobre la
Tierra"; y por supuesto
el de la faz espiritual: "...Y habitaré entre vosotros, y
no os
despreciaré". En síntesis, un comienzo muy auspicioso,
con Bendiciones
sumamente relevantes que !ojalá se
cumplan por siempre en nuestra vida,
para el bien!
Sin embargo, en cuanto a la bendición que menciona el aspecto de nuestra
Seguridad -tema, por otra parte, de candente actualidad en el Oriente
medio- y que dice a su vez: "...y perseguiréis a vuestros enemigos, los
cuales caerán a espada delante de vosotros; de tal modo que cinco de
vosotros pongan en fuga a ciento, y ciento de vosotros persigan a diez
mil...", nos propone una seria reflexión y un profundo cuestionamiento:
?acaso nosotros, el pueblo de Israel, no somos un pueblo que pregona la
Paz, "amantes de la paz y perseguidores de la misma", o tal vez todo lo
contrario, una sociedad sedienta de guerras y amante de los enfrentamientos
armados?
En realidad, podemos ver a lo largo de los hechos, que la "espada" ocupa un
lugar preponderante en las crónicas de nuestro pueblo; así en
los albores
de nuestra aparición en la historia como pueblo -al salir de la esclavitud
egipcia-, se nos sugiere que "los hijos de Israel salieron armados de
Egipto" ("jamushím" = "mezuianím" de
acuerdo a Rashí), más allá de los
milagros y maravillas revelados por la Providencia. Así en la
batalla
contra el feroz y asesino Amalek, en la que venció Ieoshúa; o
bien la
guerra contra Sijón y Og, reyes del Emorita (Números 21:24), o más adelante
la mismísima Conquista de Kenaán por Ieoshúa, que más allá de
los Milagros
obrados por D-s, allí fueron expuestas "tácticas
militares". También el rey
David batalló infinidad de contiendas, tal como lo anuncia el
Salmo 144,
versículo 1, del libro de Tehilím. No hay duda del lugar de la espada...
Pero ?qué hay del otro lado de esta balanza, por ahora
inclinada hacia un
solo lado? Aquí veremos, con claridad, como nuestra Torá se aparta de la
idea, pues ve en la espada un factor altamente negativo, al provocar
derramamientos de sangre y crueldad inusitadas. ?De dónde lo aprendemos?
Con respecto a la creación del altar para los sacrificios, dice la Torá:
..."y si quisieres hacerme un altar de piedra, no lo edificarás de piedra
labrada, no sea que alces tu espada sobre ella y la profanes..." (Éxodo
20:22). Y nuestros maestros sentenciaron: "El hierro fue creado para
acortar los días del ser humano, por lo tanto, no corresponde que el hierro
(la espada) sea utilizado sobre el Altar, que fue creado para 'alargar' la
vida del hombre". (De aquí podemos inferir la antigua
costumbre de cubrir
los cubiertos -más específicamente el cuchillo- en el momento de realizar
la Bendición por las Comidas. La "mesa" del hogar suplanta al "Altar"
del
Santuario, según la tradición Rabínica).
Sin embargo nuestros Sabios entendían que el pueblo de Israel, por su
naturaleza, es amante de la paz, y que sólo por medio de ella es posible
asegurar nuestra existencia y nuestro futuro. Sin embargo, la realidad
indica que a veces la "espada" es necesaria para preservar la integridad
física y territorial. Pero hay instancias, existen limitaciones. No se
"puede vivir al filo de la espada" permanentemente. Así lo
aseveraron, con
simple y profunda sabiduría, ellos, maestros de la vida, observadores de la
realidad: "...la espada y el libro fueron entregados simultáneamente desde
los cielos..." dice el Midrash (Vaikrá Rabá 35:5), y por tanto habremos de
deducir de tal postura, que para defender al "libro" a veces se recurre a
la "espada", empero esa "espada" deberá estar
siempre subordinada al libro,
en una relación de dependencia total y absoluta, de tal forma que no nos
transformemos en militaristas, en asesinos impunes, en mercenarios de la
vida. Por algo somos -o debemos ser- "el pueblo del Libro", ?verdad?
La seguridad. Un tema difícil. Un proceso lento cuyo final es imprevisible.
Cientos y miles de anos de exilio han pasado sobre Israel, y no hemos
empleado la espada. Los tiempos han cambiado. Hoy se yergue nuestro orgullo
nacional -Medinat Israel- con la triste realidad de tener que asumir su
defensa, por medio de la espada... ?Hasta cuándo, nos preguntamos? Y tal
vez, la única alternativa de respuesta, será la condición
expresada por
nuestros rabinos en el Talmud (Avodá Zará
17 B): "...I saifa, la safra; i
safra, la saifa" - "Si hay espada, entonces no hay Libro; empero si existe
el Libro, entonces no habrá espada..." La cultura, la
educación son los
pilares del desarrollo. La alfabetización es la condición mínima para la
dignidad del ser humano. ?Qué habrá en
mayor cantidad en el Oriente medio:
misiles o bibliotecas? Qué record
de ventas ostentan las grandes
democracias árabes enclavadas allí? Libros o espadas? Y
entonces, con una
mano en el corazón: podemos acaso imaginar al Estado Judío
"repartiendo
Biblias" para acabar con el exterminio que se cierne aquí y
allá, a toda
hora? Cuando tuve la oportunidad de residir en Israel, durante mis estudios
rabínicos, en un ano, visitamos cuatro Ferias del Libro. Para una población
de -por entonces- 3.500.000 habitantes. Todas ellas en Jerusalém. No
recuerdo haber asistido a un desfile militar y a una exposición de
armamentos. Seguramente los hay y en cantidad. Con seguridad también,
tendrán presente el ideal del profeta: "Y convertirán sus espadas en
arados, y sus lanzas en palas..." La espada, el Libro. Una "sociedad" que
deberá "deshacerse" -esperamos- en el futuro.
Desarme, que le dicen.
Cultura, Educación, no-ignorancia. Desarrollo, como lo
llaman. Allí radica
la diferencia. Allí está la
elección... "Im bejukotái teleju..." - "Si en
mis Leyes anduvieres" comienza nuestra perashá. Hay
condiciones. Hay
condicionantes. Busquemos las alternativas.