Rav Shlomo Aviner

 Pregunta: Cuando hacemos frente a decisiones difíciles en la vida, ¿acaso conviene dirigirse a un Talmid Jajam (un erudito en la Torá) o a una persona que posee poderes sobrenaturales?

Respuesta: El Rav Kook escribió: “Las hipótesis acerca de los asuntos espirituales personales, que trascienden los límites de la vida concreta y moral, si bien no podemos negarlas, la Torá nos enseña que no debemos conducir nuestra vida según ellas. La Torá nos aleja de las posibles incursiones en visiones que no son claras, prohibiéndonos el uso de todo tipo de magia y espiritismo. Prohibió además que los Cohanim (sacerdotes) se impurificaran con los muertos, vinculando a todos los preceptos con la vida” (Igrot Hareaiá, I, 86).

Existen toda serie de manifestaciones espirituales extraordinarias y milagrosas, tales como la parapsicología, la telepatía, el espiritismo y la reencarnación de las almas. No pretendemos negarlas, sino que no debemos basarnos en ellas para dar un consejo ni para dirigir nuestra vida. La vida del individuo y de la sociedad no debe estar orientada por estos fenómenos. “Serás íntegro para con el Señor, tu D’s” (Dvarim, 18:13).

Existen sesiones de espiritismo en las cuales se contactan a los muertos, pero nuestros sabios dijeron (en el Talmud de Jerusalén, Brajot Cap.III): “‘(Para que recuerdes el día de la salida de Egipto) todos los días de tu vida’ - los días en los que te ocupas de los vivos (jaim - vida, vivos) y no los días en los que te ocupas de los muertos” (ver Igrot Hareaiá, Ibid).

¿Cuál es el motivo de este énfasis? El Rav Kook escribió: “El universo, que es más abstracto que nuestra vida material y limitada, merece ser más rico y elevado. Pero si queremos producir de ese mismo mundo sublime actos, leyes e ideas acerca de la sociedad en general, sin duda, contaminarían a la idea general” (Ibid). Si bien esos mismos mundos son mucho más elevados que nuestro mundo limitado, nuestro Señor del mundo estableció límites en su universo que no debemos confundir. Cada mundo debe estar separado del otro. El mundo de los espíritus existe, algunos espíritus relatan y circulan, pero el Señor del mundo nos ha colocado en el mundo de la vida, nos ha conectado con los asuntos racionales, la sabiduría y el consejo de la Torá, la halajá práctica, la ética y la restauración de las virtudes.

Las manifestaciones de esos mundos ocultos existen, si bien existen también muchos charlatanes y embusteros. Sin embargo, a pesar del aspecto verídico que hay en esos fenómenos, no pueden constituir una guía para nuestro mundo. D’s, el Señor de todos espíritus, no creó nuestro mundo para que reciba directivas procedentes de otro mundo. Aunque ese otro mundo exista y sea real, no debemos utilizarlo como base para conducir nuestro mundo. Tampoco debemos hacer lo contrario: de nuestro mundo dirigir a ese otro mundo. Cada mundo posee su propia fuente de sabiduría. Para la construcción y la corrección de nuestro mundo, poseemos la verdad más elevada, según el deseo divino, es decir, la Torá.

La Torá que nos fue entregada para guiar nuestras vidas, es más profunda que todas las magias y los horóscopos, los hechiceros y los conocedores de lo oculto, puesto que éstos se basan en pequeñeces y trastornos de la realidad, en la confusión de los límites y en el desorden, lo que se opone a la verdadera orientación divina de la Torá.

La Torá es más elevada no sólo que toda serie de hechiceros y magos, sino incluso de quienes están inspirados por el Ruaj Hakodesh (el espíritu divino) y los profetas, tanto los pequeños como los grandes. Puesto que nuestra Torá proviene de la profecía de Moshé Rabeinu, la que fue recibida con claridad y directamente de D’s. A partir de la Torá, que contiene los secretos más ocultos, cada nivel espiritual es guiado según su propio contexto, sus necesidades y vínculos con la voluntad de D’s.

Hay muchos asuntos místicos que son verdaderos, pero si conducimos nuestra vida según ellos, estaremos perdidos. Por lo tanto, la Torá nos alejó de ellos. Tenemos una guía que es sublime, profunda y general, que se revela precisamente a través del sentido común, a través del estudio y del análisis.

Podemos preguntar: ¿por qué no somos conducidos por profetas, por personas inspiradas en el Ruaj Hakodesh, que poseen conocimientos ocultos, elevados y extraordinarios, en lugar de por los sabios de la Torá Oral que emplean sólo su mente humana? El Rav Kook responde que precisamente esa era la voluntad de D’s: que nuestro mundo sea conducido a través de la Torá, la que se revela y descubre en la realidad (Drashot Midbar Shur, Vaieshev). El conocimiento oculto es verdadero, pero no está destinado a servir de orientación práctica, la que debe ser esclarecida a través de las directivas del Shulján Aruj. El conocimiento oculto está más bien dirigido a unos individuos únicos que se dedican a asuntos de la fe que abarcan el universo entero.

Es cierto que un Talmid Jajam, el presidente de un Tribunal Rabínico o el rabino de la ciudad desconocen el futuro. En cambio, puede existir un ignorante con una capacidad especial que le permite estar en contacto con mundos superiores. Puede entonces expresarse acerca de lo oculto y el futuro que se esconde detrás del telón. ¡D’s nos libre de comportarnos y basar nuestro mundo en sus consejos! Todos estos sin duda “contaminarán la idea general” (Igrot, Ibid) y ¡también contaminarán a la vida!

El individuo no está hecho para recibir la guía para la vida de un mundo que se encuentra fuera de la vida. Esto se opone a la base misma de la Torá.

Incluso la profecía tiene sus límites y nuestros sabios son quienes los determinan. ¿Acaso un profeta es verdadero o falso? - ¿quién determina esto? ¡los tribunales! ¡Los sabios de la Torá son quienes determinan si debe vivir o lo condenan a la muerte! Asimismo, los sabios de la Torá son quienes determinan qué se puede aceptar de un profeta y qué no.

Sigamos avanzando según la Torá. Al hacerlo, ascenderemos con seguridad a todos los niveles espirituales de santidad y lograremos la restauración del mundo bajo el reino de D’s.