Articulos de Rosh Ha Shana escritos por el Rabino Daniel Oppenheimer, para mas material escrito por el Rabino Oppenheimer visite a www.ajdut.com.ar
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¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
¡¡Que
los cumpla feliz, que los cumpla feliz, que los cumpla... ¿quién?!! Nosotros,
los seres humanos.
Sin
globos ni torta de cumpleaños, sin magos ni animación, sin cohetes ni fuegos
artificiales, sin copas ni bromas, los judíos (o todos los seres humanos)
celebramos un nuevo aniversario de nuestra creación. Y eso es cosa seria. ¿Por
qué? Pues porque el aniversario implica un hito en el cual D"s evalúa la
distribución de los recursos (las partidas presupuestarias) para el año
entrante, o como lo expresan los Sabios: "el sustento del ser humano está
adjudicado de un Rosh HaShaná al otro Rosh HaShaná".
Y
si de eso se trata, dado lo importantes que son los recursos y medios (el
"sustento") para cualquier objetivo que nos propongamos, lo más lógico
es que los humanos nos tomemos en serio este día para solicitar lo que creemos
que necesitamos.
Lo
que necesitamos. Y quién sabe realmente qué es lo que necesita... Bueno,
entonces pidamos todo lo que se puede. Como diría una buena idishe mame:
"mejor que sobre y no que falte". Sin embargo, esta es una postura
sumamente infantil. Pues estamos comunicándonos con D"s y, con él, que es
Lo perfecto, no sobra ni falta nada en este mundo. De otro modo, no sería
perfecto.
Pues
entonces, la primer tarea consistiría en tomar conciencia de pedir
adecuadamente. (¿Cómo dice en las tarjetas? - "con deseos de salud, paz y
prosperidad"). Vida, inteligencia, salud, sustento, tranquilidad. Son todos
recursos, medios. ¿Y si me preguntan, para qué? Pues los objetivos los ponemos
los seres humanos. Debieran coincidir con aquellos que D"s eligió y nos
enseñó. No obstante, en mente de muchos, aun aquellos que rezan y lo hacen
seriamente, entendiendo que D"s es la única fuente de recursos, es
probable que muchos tengan distorsionados, a su vez, los objetivos de los
recursos...
Por
lo tanto, el Majzor (libro de rezos) de Rosh HaShaná nos educa a presentar (a
D"s y a nosotros mismos) correctamente la finalidad de lo que estamos
pidiendo.
"y
los santos, diariamente, Te alaban; es por eso que Te pedimos que extiendas Tu
temor sobre todos los creados... y se constituyan todos en una sola unión para
cumplir con Tu mandato con corazón perfecto... que la iniquidad calle por
siempre y toda la maldad se acabe en humo..."
Así
que existe un objetivo que trasciende "la salud, paz y prosperidad"
que no se limita a "tener un buen pasar" en este mundo. Antes de
comenzar a pedir, no estamos confeccionando una lista mezquina y egoísta en la
que nos preocupamos por "llegar a fin de mes" (o, en este caso - a fin
de año). Miramos un poco más allá. Es que el mundo, o la humanidad que está
festejando su "cumple", no comienza ni termina conmigo.
Si
de salud se trata, creo que no es el momento de ahondar en el tema. (Cada cual
podría cuidarla un poco más, si desacelera un poco el ritmo y se fije para qué
vive...). De prosperidad, ya hablamos. A Él, no Le falta para darnos. Es más,
él ya "prepara el sustento para todos las criaturas que creó"
(Bendición para después de comer). Habría que ver por qué no llega la comida
adonde debería llegar... ¿No seremos los "funcionarios corruptos"
los que no distribuimos bien lo que corresponde?
En
todo caso, podríamos analizar el tema de la paz. Pues, obviamente la guerra es
mala palabra. Aun con los que venden las armas que necesitan ese negocio, la
cosa no funcionaría si no fuese que hay una complicidad de todos los seres
humanos. De otra manera, ¿cómo será posible que todos los tratados de paz
fueron inútiles, que la Liga de las Naciones y la O.N.U. no pudieron evitar un
sólo conflicto armado?
Es
que nuestro concepto de "paz" es bastante limitado. Tanto en casa como
en el negocio. Pues "guerra" no es solamente la idea de soldados y
misiles. No sucede únicamente en los campos de batalla. La guerra tiene pasos
previos que son la envidia y la competencia. Esto se da en innumerables frentes.
Las ideologías que dicen que los recursos son limitados, que es injusto que
otro posea lo que uno no alcanza a tener, que para tenerlo yo, debo pelear para
lograrlo..., todo eso es "guerra" y no paz. (No por nada, etimológicamente,
en hebreo la palabra "Lejem" = pan está relacionada con "Miljamá"
= guerra). Esto es factible entre países, entre empresas multinacionales, entre
dos kioscos, entre alumnos de un aula que pelean por estar en el cuadro de
honor, entre cónyuges que se presionan mutuamente para hacer las cosas de
acuerdo a la idea de cada uno, en todas las situaciones de "regateo"
comercial o institucional y pulseadas de todo tipo.. El imponer la conveniencia
de uno por sobre la del otro, no es paz.
Si
fuésemos realmente creyentes, sabríamos que D"s puede proveer las
necesidades individuales sin necesidad de forzar las situaciones. Así al
comienzo mismo del rezo especial de Rosh HaShaná, expresamos nuestro deseo que
la humanidad "se una para cumplir con Tu voluntad con corazón
perfecto". Es decir, si hubiese un pleno y real reconocimiento de la
Autoridad del Todopoderoso, Quien puede proveer para todos sin límite, pues
entonces cambia toda la óptica de encarar los problemas. No más política, no
más pulseadas, no más intrigas. Paz de verdad. Esa es la época del Mashíaj a
la cual aspiraron los "santos que diariamente Te alaban" y que son los
que realmente rezan por la paz pues la practican YA en su vida actual " no
para comer y tomar, ni para dominar a otras naciones... sino para dedicarse a la
Torá y a su estudio... y en aquella época no habrá guerras, ni hambre,
ni competencia... únicamente el deseo universal de conocer a D"s y Su enseñanza"
(fin del Mishné Torá del Ramba"m). Salud, paz y prosperidad para todos,
pues a nadie le molestaría ya si otro posee más o menos que uno mismo.
Una
vez que llegamos a esta convicción, se nos hace un tanto más fácil pensar en
el otro y comprender que las necesidades de él no son menos importantes que las
mías. Su vida cumple un rol tan imprescindible como el mío y velar por que él
goce de los recursos que le hacen falta es no menos importante que velar por los
míos.. Si llego a esa conclusión, la Tefilá ya es distinta.
La
ley que caracteriza a Rosh HaShaná es la obligación de escuchar el sonido del
Shofar. El Shofar, un instrumento que surge de la naturaleza (cuerno de carnero)
a diferencia de la trompeta que es creación humana. La trompeta, en la Torá,
cumple la función de llamar (a D"s o a los demás seres humanos) cuando el
que lo hace es el ser humano. El Shofar se suena, cuando Quien llama es D"s
mismo. (R.S.
R. Hirsch)
El
sonido del Shofar se debe asemejar al de un llanto (Ievavá). Es entonces
D"s Quien "llora" por el ser humano que es quien sigue perdido,
zigzagueando por el mundo en búsqueda de significado olvidándolo a Él. Cuando
bendecimos antes de cumplir con el precepto del Shofar, decimos "lishmoa"
= escuchar, o, mejor dicho, entender el "kol" = la voz, o el
significado del Shofar (Cuerno en hebreo sería "keren", pero sólo se
puede observar la ley con el cuerno del carnero que se denomina "shofar",
relacionado con la palabra "leshaper" = mejorar o corregir).
Comprender entonces, Quién me llama y qué es lo que espera de mí, es escuchar
la "voz".
Los
sonidos del Shofar son "Tekiá" (fijo) un sonido largo y fijo, y
"Shevarim" o "Truá" (rotura) o ambos juntos, y nuevamente
una "Tekiá". Estos mismos sonidos eran los que se emitía en el
desierto cuando se avisaba al pueblo que el campamento de Israel seguía su
viaje. La Tekiá convoca a un lugar, la Teruá habla de desmontar y la última
Tekiá habla del nuevo lugar al cual se traslada. En Rosh HaShaná, D"s nos
convoca a desmontar nuestros vicios y prejuicios, recordar y analizar,
liberarnos de lo que no corresponde y volver a encaminarnos acorde a Su ley. Las
partes de la Amidá de Musaf (el rezo) hacen alusión a lo mismo. "Maljuiot"
(asumir la monarquía de D"s) Quien nos convoca, "Zijronot"
(memorias) de lo que fue la vida hasta el momento y "Shofarot" el
sonido del Shofar que libera del sometimiento del pasado, para volver a comenzar
una nueva vida. (Así como el Shofar cumplía el objetivo de liberar a los
esclavos y los campos vendidos en Iom Kipur del Iovel que ocurría cada
cincuenta años)..
¿Lo
mismo del año pasado?
Rosh
HaShaná tiene sentido, si como humanos hemos crecido y tenemos la intención de
seguir haciéndolo. Ese es el único objetivo real y motivo de festejar que
puede tener un cumpleaños. El personal o el colectivo de Rosh HaShaná.
Ketivá vaJatimá Tová,
que sepamos escuchar realmente la voz del Shofar.
Daniel
Oppenheimer
¡QUE
RAPIDO PASA EL TIEMPO!
En
los últimos días me parece haber escuchado este comentario en repetidas
oportunidades cuando salía el tema que ya llega Rosh HaShaná. Y es verdad. Uno
está tan "metido" haciendo "lo suyo" de todos los días que
ni se da cuenta que pasó un año entero hasta que vuelve a estar parado frente
al propio Rosh HaShaná. ¿Es bueno que suceda eso? ¿Es bueno que no nos demos
cuenta de cómo pasan los días sin trascendencia?
Sobre
el tiempo se puede hablar desde muchos ángulos. Si bien a nosotros nos parece
algo muy concreto y casi podríamos decir que vivimos con el reloj, tenemos
citas y compromisos a ciertas horas y "corremos contra el tiempo", la
dimensión del tiempo en si es parte de la Creación y es un elemento necesario
para que los seres humanos nos manejemos en este mundo terrenal y finito.
Lo
que nos interesa ahora es nuestra actitud hacia el paso del tiempo. En este
mundo convulsionado se ofrecen a la venta objetos de todo tipo para
"ahorrar" tiempo (y esfuerzo). Gracias a la energía eléctrica y a la
fuerza motriz podemos realizar ciertas tareas con menos esfuerzo y muchísimo más
ligero de lo que era antes. La industria de los electrodomésticos es la prueba
de eso. El lavarropas, el horno microondas, el teléfono entre otros, nos dan la
sensación de que estamos aprovechando el tiempo mejor. Y es muy posible e
importante que así sea. Dado que tenemos tantas obligaciones, todo elemento que
nos permita ser más eficientes será bienvenido.
La
pregunta surge cuando... de repente... "sobra" el tiempo. Un día en
el que no tenemos ni deudas, ni compromisos, ni imposiciones de nadie y con
nadie. No hay que ir al trabajo, la familia está atendida u ocupada con
otras cosas. No se casa ni se divorcia nadie. ¿Qué hacemos? Pues aprovechá!
Al fin, esas oportunidades no se dan tan a menudo... Andá a tomar un
poco de sol, mirá vidrieras, lee ese libro que querías leer desde hace tanto!
Muy bien, ya hice de todo eso y no tengo ganas de leer ni de tomar sol, etc. ¿Qué
hago? (Esta pregunta famosa la deben escuchar muchos papás y mamás - de parte
de sus hijos - hasta el hartazgo durante las vacaciones, en especial los días
de lluvia)..
Pues
no se enoje, querido lector, cuando vea lo que sigue. No está escrito
teniendo a nadie en mente. Es simplemente un hecho. Si a una persona le sobra
tiempo en la vida, es porque algo anda mal con él. Seguramente nunca se planteó
para qué vive...
Existen
realmente tantas cosas buenas e importantes que puede y debe concluir cualquier
ser humano que siente que su vida es una misión (más allá de las
inclinaciones personales), que si le sobra el tiempo, pues, si es creyente, que
piense que el regalo más valioso que D"s le dio es la vida en si, y si se
la obsequió y se la sigue brindando, día a día, minuto por minuto, es porque
espera que algo bueno se haga con ese presente.
Y
mire Ud. que ironía. Hay momentos en los cuales parece que el tiempo corre y
otros en los cuales parece no terminar. Mire Ud. esas cosas de la vida. Cuánta
gente que trata de ocultar su edad. ¿Para qué? ¿Es pecado ser mayor? (Quizás
sí lo sea si un adulto actúa como un infante...) Por otro lado, los niños
quieren ser mayores, quieren parecer como si fuesen adultos. Juegan a que son el
papá, la mamá, la maestra, etc. Las niñas se quieren poner zapatos con tacos
que las hagan parecer más altas... y después, todo al revés! ¿Dónde está
el punto de inflexión?
Festejamos
la graduación de nuestros hijos del jardín de infantes. Van al viaje de
egresados del primario y del secundario. Se alegran con poder acceder a una
universidad. En cada uno de esos pasos, hay un poco de ansiedad de poder
realmente llegar y de acabar con la etapa presente y sus desafíos para entrar
en otra mejor, al parecer, más fácil. Luego comienza la vida laboral. Cuesta
conseguir trabajo. Luego es difícil que lo asciendan. Una vez que logró un
puesto medianamente bien pago, teme por su puesto que puede ser cubierto por un
joven que, por menos pago, pueda hacer lo mismo... Pasados todos estos suspiros,
al fin se puede jubilar y pertenecer a la clase "pasiva" (= inactiva,
que no produce) de la sociedad. El adulto puede recordar aquellos años en los
cuales, como niño, vivía una vida despreocupada, alegre. Pero, en aquel
momento tiene conciencia que la cuestión de la vida es irreversible. Es "one
way" como dicen los carteles de las calles en los EE.UU.
Querido
lector! No se me ponga mal. No es esa la idea de este artículo. Sólo quiero
que reflexionemos juntos que el valor de la vida se acentúa precisamente por el
hecho de ser limitada. Y, dada esa realidad, sepamos "sacarle todo el
jugo" con cosas útiles. "El día es breve y la tarea cuantiosa"
- nos advierte el Pirké Avot.
"La
gente se preocupa por la pérdida de sus bienes, mas por la pérdida de sus días,
sus bienes no le servirán y los días no le volverán" - dice un refrán
que rima en el hebreo original.
Hay
una cuestión de urgencia en las palabras de los Sabios que aparentemente
tratamos de eludir. Sin embargo, aun si la vida terrenal es limitada, existe una
vida eterna a la cual tenemos acceso. Así lo decimos cada vez que subimos a la
Torá, "Quien nos otorgó la Torá de la verdad e implantó una vida eterna
en nosotros".
En
Ierushalaim vivía el Rabino Reuven Benguis. Año tras año festejaba la
culminación del estudio del Shas (el Talmud, de punta a punta). Un año, a las
pocas semanas del evento anual, volvió a convocar a sus amigos.
En
estos días en los cuales celebramos un nuevo aniversario del ser humano, con el
balance correspondiente a su existencia, será imprescindible aprender a valorar
aquel hermoso regalo.
No
hemos festejado ya Rosh HaShaná el año pasado?
Bien!
¿Estamos todos listos para recibir a Rosh HaShaná? ¿Qué necesita Ud.. para
inaugurar el nuevo año? Y... la ropa, la comida, los cohetes, los fuegos
artificiales... ¿Cómo? ¿Ud. no festeja el año nuevo con petardos y un buen
vino? ¿Por qué no? Y, ¿con qué festeja entonces? Bueno, mire, nosotros vamos
a la sinagoga a la noche y rezamos, luego en casa nos sentamos a la mesa y
comemos unos cuantas comidas extrañas que son una clase de señal que el año
que comenzará será realmente auspicioso. Luego, a la mañana, volvemos
temprano a la sinagoga y rezamos... unas cuantas horas, escuchamos el sonido del
Shofar, leemos la Torá y llegamos a casa bastante tarde, después del mediodía,
para almorzar. Poco después, volvemos a la sinagoga para rezar nuevamente, Minjá
y Arvit, y, nuevamente al otro día lo mismo, nos levantamos temprano...
No
entiendo. Sinceramente. ¿Qué tiene tanto para rezar? Y, los cohetes... ¿cuándo
los tira?
Bien,
querido lector. Si Ud. se cuestionó esta misma pregunta (obviamente en voz
baja, para que los demás no se enteren), analicemos juntos la naturaleza de
Rosh HaShaná, para que en esas largas horas en las que permanecemos en el Bet
HaKneset, hagamos de esa estadía una función real y útil durante la cual
creemos en lo que hacemos.
¿Por
qué tanto rezo en este día? Los Sabios nos enseñan que el sustento de la
persona para el año siguiente se le adjudica en Rosh HaShaná (Talmud Betzá
16). ¿Qué es el sustento? El sustento abarca a todos los recursos que el
individuo requiere para llevar a cabo su tarea. Como veremos pronto, este
concepto es mucho más amplio de lo que pensamos habitualmente. Por
consiguiente, si bien todos los días rogamos por nuestras necesidades, en Rosh
HaShaná, lo hacemos conscientes que ese día en particular es decisivo en lo
que ocurrirá el año que sigue.
Nos
armamos con nuestro “changuito” (que tenemos desde los días en que no existía
“delivery”, ni podíamos encargar con nuestra tarjeta por medio de la
computadora...) y vamos a la sinagoga a encargar lo que necesitamos. En primer
lugar, veremos que se repite a través de todo el Majzor la súplica por vida.
Vida significa tiempo, o sea un plazo adicional en este mundo terrenal, para
poder desarrollar y llevar a cabo lo que creemos que queremos y debemos hacer.
Pedimos un año de por vez. El año que viene, D”s mediante, si creeré (¿tiene
dudas?) que necesitaré seguir viviendo, puedo volver a pedir un plazo
adicional. Sin embargo, con vivir y respirar no me alcanza para lo que quiero
hacer. Por lo tanto, pido que sea con tranquilidad mental, conyugal, familiar,
comunitaria, etc. y con salud. Sin estos elementos, las cosas que me perturban
no me dejarían llevar a cabo mi proyecto. La palabra “paz” que uno suele
relacionar con tratados internacionales endebles y que terminan
indefectiblemente no cumpliéndose, como resultado de pulseadas mezquinas que
llamamos “guerras”, no es lo que estamos solicitando. La paz debe comenzar
por donde está uno mismo..., luego pude llegar a alcanzar dimensiones más
globales.
No.
Aun no terminamos de pedir. Necesitamos inteligencia para obrar correctamente.
¿Por qué? Acaso nos sentimos tontos? No necesariamente. Seguramente somos más
despiertos de lo que admitimos, pero... hay que ser sabio para utilizar la
sapiencia que uno posee, y cuántas veces la desperdiciamos por negligencia o,
simplemente, no se nos ocurren las ideas adecuadas en el momento apropiado, y
luego nos culpamos...
Obviamente,
que bajo salud debemos incluir la fuerza física, la habilidad y la destreza
para realizar los ideales. Además, ¿qué haríamos sin los medios materiales
(efectivamente, lo material es un medio para otro objetivo y o un fin en si
mismo) para poder vivir? ¿No es el dinero el que mueve el mundo? (No!, pero
hace falta igual). No nos olvidemos de insistir, a su vez, en que se mantenga la
simpatía y atracción que nos une a otros seres humanos. Esto, al igual que la
inteligencia y otros items, suele caer en el olvido. ¿Por qué? Porque nuestra
tendencia es acordarnos de las cosas que carecemos o que sospechamos que podemos
perder (dinero, salud, etc.). Ocurre, entonces, que por aquello de lo cual
sentimos que “seguro” lo tenemos, no vemos urgencia por la cual pedir.
Lamentablemente recién cuando nos percatamos que no somos inmunes e
invulnerables, pedimos por lo que perdimos...
Sigamos
ahora con la nobleza de nuestra Tefilá. ¿¿Para quién uno pide? Se acuerda de
su propia necesidad, o tiene en mente las carencias de otros. Sí, ya sé. Las
Tefilot son en plural e incluyen a los demás. Sin embargo, no me refiero ahora
a lo que decimos, sino a lo que sentimos mientras decimos. No podemos negar que
nuestro estómago suele ser más eficaz que nuestra mente. El primero nunca se
olvida de avisarnos cuando hay hambre. La mente, en cambio, necesita activarse
conscientemente para que se acuerde de los menesteres ajenos.
Acto
seguido, pasemos a la parte más difícil. Planteamos todo lo que hablamos hasta
el momento como un pedido para un plan o un proyecto. ¿Por qué? Porque es
sumamente ilógico que una persona pida por algo sin saber para qué lo quiere.
Cuando un niño le pide una suma considerable de dinero a su papá, éste
seguramente le preguntará para qué lo necesita. El hijo nunca le contestará
al padre que primero se la dé y que después va a pensar para qué la quería.
¿Hay quien escucha lo que uno pide cuando abre el Sidur? (Disculpe el
atrevimiento de esta pregunta) Suponemos que todos “tenemos en claro” que la
cosa es así. Bien, si esto es tan obvio, entonces debiéramos tener un plan de
vida por el cual podemos solicitar justificadamente toda la lista que hemos traído.
Sin
embargo, sepa Ud. que la gente, por lo general no tiene un proyecto de vida.. Es
más. Pregúnteselo Ud. mismo en este momento. ¿Pensó, acaso, alguna vez
(mejor sería que ocurriera todos los días) en su propia vida en términos de
una misión específica, singular y única? Es decir, ¿en algo que Ud. siente
que debe llevar a cabo y que sólo Ud. lo puede hacer? Posiblemente Ud. sostenga
que su proyecto de vida esté relacionado con la carrera profesional que
estudia. No. No estamos hablando de sobrevivir. La mayor parte de vida de la
gente está ocupada con hacer las cosas que cree necesarias para mantenerse a
flote, para no hundirse, para llegar a fin de mes, para poder pagar las cuentas.
Todo esto no tiene nada que ver con un proyecto de vida. Bienaventurado aquel
que puede desarrollar su actividad laboral y sentir que está haciendo un aporte
único a la humanidad... y vivir de eso. Pues, entonces, intentemos ser creíbles
en lo que le proponemos a D”s (me refiero a que lo creamos nosotros mismos, al
menos). Si esto está claro, podemos pensar en... ¿cuánto se debe pedir? ¿Cuánto
más, mejor? Pues, en muchas instancias de la vida, veremos que no conviene
tener más. Eso se lo dejo a su propia imaginación. De todos modos, en última
instancia, nadie tiene de más. Pues, si entendemos que hay orden y exactitud en
todo lo que D”s creó, en nuestro cuerpo, en el cosmos, etc., entonces,
obviamente, no me va a dar lo que no necesito yo, ni me va a dejar de dar lo que
sí requiero para lo que El espera de mi. Un D”s Justo no me puede exigir que
haga algo con recursos que no me proporcionó. Los medios, entonces, serán los
debidos, conforme a mi tarea... Nada sobra, ni falta. No hay para derrochar ni
en lo material, ni en lo intelectual.
Existe
una pregunta frecuente. ¿por qué, entonces, uno necesita pedir? ¿Acaso, no
recibe, o recibe menos quien no pide? ¿No “queda mal” pedir?
Si
bien, este no es el lugar para extendernos en el tema, podemos brevemente, decir
que D”s no necesita que le ordenemos que nos dé tal o cual cosa. El ya sabe
lo que queremos, y conoce mejor que nosotros mismos lo que nos hace bien, y lo
que no. Somos nosotros, los que debemos tomar conciencia de que todo lo que
poseemos, o no, en cualquier área, es porque así D”s lo dispuso y que no es
el resultado de nuestra propia inteligencia y destreza...
Hasta
aquí, he intentado aclarar algo acerca de lo que estamos por hacer al invocar e
implorar al Todopoderoso en Rosh HaShaná. Resulta ser un tanto más complejo
que, simplemente, leer el Majzor. Sin embargo, en el texto de las Tefilot, nos
encontraremos con que nuestra plegaria pasa por ideas aun más elevadas. Al
sostener en nuestras manos el Majzor con el mismo texto que leyó mi abuelo, el
abuelo de él, y el judío de hace mil y dos mil años, viviera en Europa o en
el Yemen, tuviera una posición acomodada, o no, entiendo que existe un proyecto
general que fusiona las Tefilot de todos los que estamos rezando cada uno por lo
suyo y por los que uno conoce, con el de todos los otros Iehudim, incluso los
ancestros, descendientes y personas de otras épocas a quienes ni conocemos.
“Uvején
ten pajdejá...” D”s, te pedimos que llegue pronto el día en el cual todos
los seres humanos se unan en una sola sociedad para reconocer unidos Tu
Autoridad, cumplir todos con Tu voluntad, para que desaparezca de una vez y para
siempre el gobierno y el régimen de la maldad... entonces los justos verán y
sentirán regocijo...
En
esta plegaria que se repite en todas las Amidot de Rosh HaShaná y Iom Kipur,
confluyen los deseos individuales de todo lo que todos pedimos en estas fiestas.
Que
veamos pronto como se materializa esta, la más sublime de las aspiraciones
humanas. ¿Y los cohetes, y el brindis? Quedarán para cuando D”s nos haya
dado dinero para malgastar.
Daniel Oppenheimer
El
“perfecto”, el desesperanzado, el postergador y el charlatán
El
candidato electo a presidente de la Nación recientemente nominado por su
partido, después de haber ejercido el cargo durante dos períodos (en las épocas
cuando la re-re-elección era posible), estaba sentado frente a las cámaras de
televisión y a los periodistas que estaban esperando que se pronunciara acerca
de sus planes para el futuro de su país, en caso de ser nuevamente votado por
la mayoría del electorado. Confiado y con la vehemencia que lo caracterizaba,
el postulante comenzó a enumerar las ideas que pensaba poner en práctica:
Bajar los impuestos, elevar los haberes mínimos de todos los jubilados, subir
el salario de los empleados públicos, bajar el desempleo, promocionar la
actividad agropecuaria, la industria y la exportación, mejorar la salud y la
educación pública, pagar la deuda externa, equilibrar el gasto público, etc.
Los cronistas tomaban nota, mientras a más de uno se le cruzaba por la mente la
pregunta de si este programa de gobierno era realmente realizable. Algunos de
los más veteranos que ya habían escuchado tales promesas en el pasado, se
intercambiaban las miradas como queriendo decir: “allí va otra vez con sus
ofertas ...” Uno de ellos aprovechó una pausa en las palabras del tribuno y
preguntó en voz alta: “si quería poner en práctica todas estas medidas...
¿por qué no lo hizo hasta ahora...?” Aquí y allá en la sala se escucharon
algunas risas reservadas. El postulante, político de raza, no se dejó llevar
por el comentario inoportuno (que para él “no venía al caso”): “Se
puede” - decía sonriente, una y otra vez - “síganme, que no los voy a
defraudar” - “el país necesita un cambio, y el cambio soy yo”.
Rosh
HaShaná es el momento en el cual los judíos sabemos que tenemos una nueva
oportunidad para volver a comenzar. En cierta manera, entendemos todos los que
conocemos algo de judaísmo que Rosh HaShaná representa la fecha para aquel
cambio (para mejor) que esperamos. Volcamos en estas jornadas nuestra creencia
en que nuestro futuro puede y debe mejorar. De ahí viene la costumbre de enviar
las tarjetas con augurios por un año mejor.
Sin
embargo, para que realmente ocurra esa transformación anhelada, nos dicen los
Sabios que D”s espera que también nosotros modifiquemos nuestra conducta. Y
ahora sí, sin cámaras de televisión y sin periodistas, nos preguntamos: ¿Podemos,
acaso, cambiar? ¿Queremos cambiar? ¿Por qué no hemos cambiado hasta ahora?
Este
tema no es para nada simple. Podemos argumentar que en muchos aspectos de
nuestra vida, no hemos elegido el camino que transitamos por nuestra propia
decisión, sino que hemos seguido desde un comienzo, lo que vimos en nuestra niñez,
y luego, en la mayoría de los casos, nuestra vida fue el producto de
imitaciones de modelos aplastantes e incuestionables que marcan las conductas de
las multitudes desde las pantallas y que hemos adoptado para nosotros porque
“todos lo hacen así”. Es triste y no es elogioso ni enaltecedor decirlo,
pero es la realidad más frecuente. Aun cuando sabemos que muchas actitudes son
objetables, no cambiamos nuestra postura. ¿Por qué?
Distintos
elementos interactúan para impedir la modificación para mejor. Quizás lo que
siga no sea un panorama cabal. Sin embargo, es importante conocer los obstáculos
que nos estorban el camino para poder esquivarlos, si tenemos la voluntad de
hacerlo.
El
“perfecto”. Existe
aquel que no cree tener defecto moral alguno. En realidad, si se lo enfrenta,
diría: “verdaderamente, todos podemos mejorar” o algún otro slogan que no
lo comprometa demasiado, pero en principio sostiene que todo está bien.
“Perversas” son, según él, aquellas personas cuyo comportamiento es
inferior al suyo. Él mismo siempre transita por “el camino medio”, “ni
muy muy, ni tan tan”, y no hay necesidad de corregir, salvo obviamente que uno
quisiera ser un santo, un mártir o un E.T., cosa que no está en sus planes por
el momento. Esta persona puede vivir unas cuantas decenas de Rosh HaShaná,
“sin que se le mueva un pelo”, ayunará en Iom Kipur para seguir la
costumbre de sus padres y abuelos y se puede sentir muy bien consigo mismo. A
menudo, si se invita a esta clase de persona a una conferencia en la cual se
traten temas que le parezcan comprometedores en su estilo de vida, conteste que
“no me interesa” u otra evasiva para eludir enfrentarse con cuestionamientos
que impugnen su estilo de vida.
Si
bien solo en parte, esta disposición es un aspecto de la postura del “ba’al
ga’avá”, el arrogante, el altanero, el que nunca se equivoca. Por lo
general, la tendencia de este personaje es aproximarse a círculos de personas
que no lo superen en lo moral y evitará el contacto con quienes le pueden
presentar un desafío. A esta clase de persona, Pirkéi Avot le recomienda: “sé
cola de leones y no, cabeza de zorros”, es decir, que aunque le sea molesto
inicialmente, se acerque a los que le puedan influenciar para bien.
El
desesperanzado.
Hay otra persona, que reconoce que el personaje anterior es realmente mediocre
(desde lo ético) y es fruto de las circunstancias. Sabe que dentro de aquella
clase de raciocinio (o falta de meditación, si Ud. así lo quiere), existe un
grave peligro, porque esa moral puede fluctuar hasta niveles de conducta animalística
(dado que “todos lo hacen”), y, por lo tanto, cada cual debe esforzarse en
rectificar su modo de vivir. No obstante, cuando se encuentra con la inmensidad
de la tarea que representa alterar siquiera una sola de las características
humanas, baja los brazos derrotado y decide que no lo va a lograr. “Tenés razón,
pero no puedo” - dice. Este individuo mira con cierta envidia a quienes tienen
más fortaleza que la suya, querría incluso alcanzar lo que otros lograron,
pero flaquea ante lo que cree que no conseguirá nunca.. Al sentirse vencido
antes de comenzar la batalla, ni siquiera intenta cambiar algún mínimo
aspecto.
Si
bien este segundo individuo pareciera ser superior al anterior, pues al menos
reconoce su falencia, no deja de ser de igual forma perjudicial. Los Sabios
llaman a esta actitud: “I’ush”, o sea desesperanza, impotencia, desaliento
y se presenta de distintas maneras y pretextos. Esta persona no cree en si
mismo, y queda inmovilizado en su situación por toda la vida o por muchos años,
convirtiéndose en esclavo de la inercia natural, de sus hábitos y vicios, por
más que conoce que debería liberarse de ellos.
El
postergador.
Otra alternativa dentro de esta misma figura, es la persona que decide que “sí
o sí” va a enmendar lo que está mal en su vida, pero lo deja “para más
adelante”. (También están aquellos que deciden que el lunes comenzarán el régimen
para adelgazar, sin especificar a qué lunes se refieren...). Esta persona sufre
de “Atzlut”, es perezosa al menos en lo espiritual, y termina estacionario
por falta de determinación.
A
él le dice Mishlei (Proverbios) que vaya a contemplar la perseverancia de la
hormiga en lugar de asustarse y aplazar la tarea.
El
“pobrecito”. Una opción usual dentro de esta gama, la presenta aquel que
resposabiliza a factores externos (cónyuges, padres, hijos, vecinos, colegas de
trabajo, socios, compañeros de aula, etc.) por su falta de decisión. Si bien
ocurre con frecuencia que las personas cercanas a uno no colaboran con los
objetivos morales que él se propone, en muchas instancias se magnifica la
realidad de la situación. El destino lo elige uno mismo. Si se está rodeado de
gente racional y explica su postura, no tienen por qué crear dificultades en
los objetivos espirituales de uno, mientras no les afecte directamente.
El
charlatán.
Otro es aquel que menciona continuamente acerca de la necesidad de corregir
ciertas conductas, asiste a innumerables conferencias, asiente con la cabeza, y
como conclusión... sigue hablando del tema, y va a escuchar más conferencias
por el resto de su vida.
Todo
estos pretextos que acabamos de describir, suelen mezclarse entre ellos y
frecuentemente se suman o aparecen en forma alternada. Los auto-engaños y
fingimientos con los cuales vivimos son incontables, porque cuando de nosotros
se trata, la inclinación negativa es tan ingeniosa y perspicaz como nosotros
mismos...
¿Ud. es
candidato a algún cargo? (¿Al cargo de ser un ser humano, creado a imagen de
D”s, portador de la Torá, perteneciente al milenario pueblo judío?) ¿Quiere
ser creíble hacia afuera? No es una tarea fácil, pero el comienzo de la misión
pasa por creer en nosotros mismos y arremangarnos.
Daniel
Oppenheimer