|
La Ciencia de la Educación es hoy una carrera
respetable en toda universidad occidental que se precie. Lo que
pocos saben es que la forma en que los contenidos deben ser
transmitidos ya fueron materia de preocupación para los sabios
de Israel hace miles de años. La educación pública,
obligatoria y temprana, lejos de ser un invento cristiano del
siglo XI, como lo consignan historiadores de occidente, ya existía
en la época del Talmud.
|
Quienes nos dedicamos a la educación desde la teoría
y la práctica, solemos equivocarnos cuando limitamos la posibilidad
de nuestras fuentes bibliográficas a autores como Bruner, Dewey,
Erikson o Schwab. A menudo nos parece que sólo las mejores plumas
contemporáneas responderán a las principales preguntas que se le
presentan al educador de hoy, y en todo caso construimos nuestra
biblioteca pedagógica en base de educacionistas de este siglo.
Las fuentes judías, con todo su prestigio especialmente en lo que
a estas cuestiones se refiere, son en el mejor de los casos muy
respetadas, o se les reconoce representar la vanguardia de su época
en materia educativa. Pocas veces, sin embargo, se repara en que hay páginas
de nuestra literatura sagrada que constituyen una obra maestra en este
terreno y que su vigencia sigue plena. Me atrevo a decir que cada
maestro hebreo, madrij y director escolar, debería estudiar y enseñar
como referencia, por ejemplo, Baba
Batra 21a, una página memorable del Talmud.
Tres tratados o "portones" inician el cuarto de los seis
órdenes talmúdicos, Nezikin, que legisla en materia civil y
procedural. El último portón (Baba Batra) incluye una página que es
una joya de la literatura educacional. Hay en la mentada página una
serie de normas y discusiones en teoría educativa, a la que se dedica
casi en exclusividad y cuyo alcance sorprende por su antigüedad. El
texto trae en forma concentrada una docena de recomendaciones
formuladas hace dieciséis siglos y pico, que tienen validez aun hoy
en día, vigencia que reafirma cuán prioritaria y de avanzada siempre
fue la educación en Israel.
EDUCACION PRIMARIA POPULAR
Empecemos recordando que la Torá señala a los padres como
directamente responsables por la educación de sus hijos. Por ello el
Talmud plantea la cuestión de los huérfanos, una categoría que en
la Torá representa a los desprotegidos, quienes podrían quedar
virtualmente desprovistos de educación.
Para resolver la cuestión, Rabí Iehoshua Ben Gamla crea la
escuela pública obligatoria en el año 64, y por ello el texto que
analizamos comienza por exaltar su figura. "Si no hubiera sido
por él" nos dice el Talmud, "se habría olvidado la Torá
en Israel".
En una primera etapa las escuelas con sus responsables (melamdei
tinokot) se fijaron en Jerusalem. Pero los chicos eran llevados a la
Ciudad de David sólo por sus padres y por ello el problema se reiteró,
ya que los huérfanos quedaban nuevamente sin ir al centro de enseñanza.
Rabí Ioshua Ben Gamlá lo resolvió con la obligatoriedad de levantar
escuelas en todas las ciudades, a las que los niños asistirían a la
edad de 6-7 años. Esta disposición permitió asimismo superar la
dificultad de la deserción, que es mencionada en el mismo texto.
Cabe destacar que los historiadores en general consideran como
comienzo de la escuela primaria a los centros que creó la Iglesia a
partir del siglo XI en Europa, especialmente destinados a los niños
pobres. La medida de Rabí Iehoshua precede en nada menos que un
milenio a estas experiencias. Y si en lugar de traer la versión del
Talmud babilónico que estamos comentando, tomáramos la narración
que hace el Talmud de Jerusalem, Israel se habría adelantado aun dos
siglos más (el Talmud de Jerusalem, en Ketuvot 8:11, atribuye la
escuela primaria pública a otro maestro, el hermano de la reina
Shlomtsión, Shimón Ben Shetaj, del siglo I a.e.c.).
Lo importante es que un tercer gran pedagogo talmúdico, Rabí
Shmuel Ben Shilat, termina por institucionalizar la edad de iniciación
escolar en los seis años.
DILEMAS PARA EL LECTOR
Además de la mentada tríada de prescripciones (educación masiva,
obligatoria y temprana), la misma página establece tres principios más.
Dos son atribuidos a Rabí Aba Arija, a saber:
- que el castigo debe ser siempre leve; y
- que se debe estudiar en pareja (javruta) para que los alumnos
puedan aprender los unos de los otros.
Cabe mencionar que este sistema es el que usa hasta hoy en día en
las ieshivot (academias talmúdicas) en todo el mundo, y hay quienes
suponen que esta forma talmúdica del estudio es una de las fuentes
que inspiraron a Freud para crear el psicoanálisis.
El sexto estatuto tiene que ver con el número límite de niños
por clase, y su legislador es Raba Bar Rav Iosef. Nunca una clase
debería tener más de veinticinco alumnos. Si se superara ese límite
(hasta cuarenta niños) debería adjuntarse un ayudante oficial (reish
dujna). Vale la pena recordar aquí que la Asociación Nacional de
Educación de los EE.UU., cita al Talmud como fuente para adherirse a
esta medida... dieciocho siglos más tarde.
Por si no bastara para despertar nuestra valoración, la misma página
del Baba Batra 21a, plantea dos polémicas que quedan sin solución y
que podrían transformarse aun hoy en día en ejercicios pertinentes
para directores de escuela. Raba y Rab Dimi son los que dan sendas
alternativas de solución, y la decisión final queda a criterio del
lector.
La primera es la pregunta acerca de qué debemos hacer si
conseguimos un mejor maestro que podría reemplazar a uno que ya tiene
antigüedad. ¿Debemos reemplazarlo o no? Por un lado, se desea
incentivar la sana competencia en el personal docente; pero por el
otro, se nos enseña, es importante crear una atmósfera de
estabilidad.
Un dilema parecido aparece cuando hay que optar entre un profesor
versado en su materia, y otro menos conocedor pero más claro en su
exposición. ¿Acaso una persona que domina un tema a la perfección
está automáticamente capacitada para enseñarlo? En términos que
nos proporciona el mismo Talmud, la pregunta es si acaso la mera
experiencia podrá corregir los errores pedagógicos de un docente
conocedor que jamás haya aprendido didáctica. Quien considera que sí,
que la experiencia de por sí mejora al maestro, optará por el
criterio de la erudición para elegir al docente. Quien cree, por el
contrario, que la experiencia sola no basta, se guiará, para
contratar a un profesor, por el criterio de la claridad. El Talmud,
fiel a un estilo que le es propio, no da respuesta a esta doble
alternativa, e invita al lector pensante para que se adentre en el
tema.
Quienes se dedican al tema de la educación judía podrán
encontrar en el Talmud material de apoyo y estudio. Baba Batra 21a es
una buena ventana para que el educador se asome al Talmud y lo valore
como guía.
*Publicado por Hagshama.
|