La unión

El Rav Shlomó Aviner

 

Hay muchos problemas en nuestra tierra kdoshá (santa). Muchas dificultades, complicaciones y crisis: Por donde se debe comenzar para superarlas?. Como una madre que al mismo tiempo el bebé llora, la bañera se desborda, la comida en la cacerola se quema, los hermanos se pelean, suena el timbre dela puerta, en el teléfono la llama su padre... Por donde se empieza?. O una persona que, D’s no lo permita, llega al hospital destrozado por un accidente de tránsito, por donde se debe comenzar?. Por el corazón.

Y nosotros, con problemas políticos, de seguridad nacional, económicos, sociales, morales, de educación..!. Todos entienden que es imposible solucionarlos en cuestión de un día, ni tampoco en una generación. Pero, por donde se debe comenzar?. Lo más importante en este momento para Am Israel es: Unión. Cuando estemos unidos, lograremos solucionar todo, superaremos todos las crisis. Incluso si no lograremos solucionarlos al término de un día, yendo por ese camino llegaremos a la solución. Porque la aptitud que yo no poseo, la tienes tu. Y la que ambos no poseemos, la tiene el tercero, y estando todos juntos – tenemos absolutamente todo.

Pero si disputamos entre nosotros, cada uno estorba al otro. Consumimos nuestra energía con el fuego de la disputa. Toda la maquinaria se va quemando por el calor generado por la fricción, y nuestros enemigos se alegran con nuestro oprobio: La tarea de los malvados es llevada a cabo por los demás!.

Después que cayó el rey Shaúl en la batalla, el gran combatiente, que luchó contra los Plishtim, ellos dejaron de atacar a Am Israel: Para qué esforzarse, si pueden observar con regocijo cómo los seguidores de David y los seguidores del linaje de Shaúl se consumen mutuamente?!.

El sublime remedio: Unión. No solo en este momento, sino que también a lo largo de todas las generaciones así fue. El segundo Beit Amikdash (El Templo) fue destruido por el odio gratuito. Es decir, odio por quien es diferente, piensa de otra forma, cree distinto, siente diferente. “El distinto es una amenaza, si logra adueñarse del poder, será una desgracia...”.

Pero no es cierto!. Tu necesitas que haya alguien distinto a ti, porque él sabe hacer lo que tu no eres capaz: Tu no eres perfecto. Incluso nuestro Rav Moshé, el más selecto del género humano, no era perfecto: Él no era nuestro patriarca Avraham (Rashi, Shmot 6:2-3). Necesitamos que haya personas diferentes a nosotros.

Quizás tu digas: Pero el distinto daña y corrompe!. Es cierto, porque él está solo. Pero cuando tu estés con él, no dañará. El daño que él hace será disuelto en la mayoría de las acciones de los demás. Su concentración disminuirá, y en pequeñas dosis, sorprendentemente, será beneficioso. Es necesario un poco de sal, pero demasiada, desbarata el gusto de la comida. Es necesario que haya fuego debajo de la cacerola para cocinar, pero si es muy alto, quemará la comida.

Quizás tu digas: Pero la mayoría son corruptos!. Esa es una afirmación producto del orgullo, como si tu poseyeras toda la verdad y la justicia!. Pero incluso si así fuese, no todos son corruptos de la misma forma: Uno no es suficientemente nacionalista, el otro no es suficientemente religioso, el tercero no es suficientemente moral, y el cuarto no es suficientemente valiente. Cada uno, tiene su defecto particular –salvo tu, por supuesto, que posees todas las virtudes- y por eso es anulado en la mayoría. Esa es una conocida regla de la halajá relativa a la kashrut; prohibiciones de distinta índole se anulan mutuamente, es decir, cada tipo de prohibición se suma a la cantidad permitida para anular al otro tipo de prohibición (Zbajim 78A, Jojmat Adam 51:31-32).

Cada aspecto negativo se suma a lo positivo, para anular los otros aspectos negativos. La minoría de haraganes es anulada por la mayoría de trabajadores, a pesar que ellos tienen otros defectos. Lo que es más, la minoría de haraganes también aporta a su manera, endulzando y tranquilizando. La minoría de iracundos no daña, porque la mayoría de tranquilos los anulan, y también aportan cuando es necesario no contenerse y reaccionar con firmeza.

Así escribió el Gaón (genio del estudio de la Torá) autor del libro Sheb Shmateta, citando al Maharí Moscato: “Con respecto a lo que dijeron nuestros sabios que el mundo es juzgado según la mayoría, si uno es asesino, otro es ladrón, otro recibe soborno, y otro exige pago de intereses por el préstamo, cada prohibición anula a la otra, como dicen en Zbajim 78A: Pigul, notar, e impuro que fueron mezclados, el que lo comió está exento, y por lo tanto, ya que la mayoría no exigen pago de interés, ni son asesinos, se anulan mutuamente” (Prólogo a Sheb Shmateta).

Si todos tenemos el mismo defecto, es una desgracia. Como pasó en la generación del Mabul (Diluvio): “Se ha colmado toda la tierra con el robo” (Bereshit 6:13). Todo el género humano se había enfermado de la misma enfermedad moral: Tomaban por la fuerza y robaban, y no podían curarse unos a otros.

Pero en nuestra época no es así. Las virtudes están dispersas, y también los defectos. Cuando estamos unidos, vencemos a todos los enemigos externos y superamos todos las dificultades internas. Eso no quiere decir que debemos coincidir en todo, es posible tener diferencias de opinión y discutir, pero discusiones de amigos. Es posible mantener luchas ideológicas relativas a concepciones distintas de la realidad, pero a condición que sigamos siendo hermanos, amigos y sigamos queriéndonos.

Por el contrario, las diferencias de opinión y diferentes virtudes son justamente las que le dan a la nación su riqueza y entereza. Cada uno luchará con sacrifico por su punto de vista, porque cada uno es necesario.

Dijo el Jafetz Jaim que es semejante al ejército, donde cada soldado defiende con orgullo la reputación de su unidad, pero todos son necesarios, cada uno tiene su papel particular. Como una coalición amplia, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, religiosos y los que no lo son, jaredim (ultra-ortodoxos) y sionistas –todos los judíos juntos!. Qué fuerza tendremos!. Seremos capaces de superar todo!.

Quizás tu digas: Reñiremos!. Ese es el punto!. Se necesita madurez para aceptar que somos diferentes, y a pesar de eso, no fundaremos 16 estados homogéneos distintos, ni tampoco un país en el que nos adueñaremos de los demás y los oprimiremos. No!: La unión es la base. La unicidad es la columna vertebral del Estado. En aquel 5 del mes de Iyar (el día en el que fue declarada la independencia. N. del T.), se reunieron en el Museo de Tel-Aviv los distintos representantes de la nación, cada uno con su forma particular de pensar, y firmaron todos juntos la misma declaración, diciendo: Nosotros trabajamos juntos. Esa unidad tiene su alto precio, de dificultades y paciencia, pero la falta de unidad tiene un precio diez veces más alto. En la galut (exilio) adoptamos el principio básico de la unidad. Fuimos un pueblo disperso y disgregado, disperso geográficamente hablando, y disgregado desde el punto de vista de la orientación de las ideas. Sufrimos mucho por esa enfermedad. Pero ahora, la unión es cuestión de vida o muerte.

Gracias a D’s, nos curamos. Tenemos una base común muy fuerte para la unión. Sobre todo en nuestro ejército, se revela el resplandor de la unión en toda su gloria. Pero hay que añadir más aún.

Dijo el Rav Kuk: Nos reconstruiremos, con amor gratuito – con el principio básico de la unidad.