Nuestras festividades
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Una de las conmemoraciones menos conocidas
en el calendario hebreo, a menos que se sea obserbante, es la
del Ayuno del Diez de Tevet. El mismo marcó el comienzo del fin
para la historia del Primer Estado que tuvo el pueblo judío,
pues en esa fecha decidió el rey babilónico Nabucodonosor
poner sitio definitivo a Jerusalem. La destrucción del Primer
Templo, aquel construido por el Rey Salomón, se acercaba
inexorablemente.
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"¿Dónde estuviste cuando mataron al presidente
Kennedy?" Para muchos norteamericanos de mi generación y de la
anterior, esta pregunta es esencial para poner nuestras vidas
individuales en el contexto de la historia. Desde el momento en que
llegaron las noticias de que el presidente de los Estados Unidos había
sido asesinado, sentimos que el curso de la historia del país había
sido alterado trágica e irreversiblemente.
En cuanto a mí, recuerdo claramente haber estado en la escuela
–en segundo grado- el 22 de noviembre de 1963, cuando la maestra de
otra clase llegó resoplando a nuestra aula y preguntó si alguno de
nosotros tenía una radio. Cuando le dijimos que no, se lanzó hacia
el corredor, probablemente para buscar la radio en otro lado. Por
algunos minutos, los maestros pulularon por la escuela, algunos
corriendo, todos murmurando. Fue la primera vez en mi vida que
recuerdo haber sido testigo de tantos adultos que no estuvieran en
total control del mundo a mi alrededor.
No nos cabía duda de que el mundo no fue el mismo desde ese día.
La inocencia se había acabado, la guerra asomaba en el horizonte, las
tensiones sociales crecían. Muchos escritores (me enteré años después),
comparando la administración de Kennedy con la Edad de Oro del rey
Arturo, escribieron acerca de la caída de Camelot. Nos dominaba la
sensación de haber experimentado un momento de tragedia personal y
nacional, y que todo lo que pasaría después de ese día, sería
remitido al asesinato del presidente.
También en la historia del pueblo judío, hay ciertos eventos que
señalan el comienzo del descenso en la espiral de sufrimiento. Uno de
ellos es el Ayuno del Diez de Tevet. El mismo marca el comienzo del
sitio final de Jerusalem por Nabucodonosor, rey de Babilonia, que
culminó en muertes masivas, destrucción y exilio.
Profetas como Isaías y Jeremías habían predicho hacía tiempo
que, por sus pecados, el pueblo judío sería conquistado y exiliado,
y que su Templo sería destruido. Mientras algunos judíos les
creyeron, la mayoría no lo hizo, hasta que los babilonios
arremetieron desde el norte para cumplir las profecías. Jerusalem fue
sitiada y el rey Joacim fue engrillado y conducido a Babilonia; su
hijo Joaquín se convirtió en rey.
Los babilonios fueron conquistadores crueles y totales: primero, se
llevarían al liderazgo al cautiverio, y luego exiliarían al resto
del pueblo. Así, en el 597 AEC, invadieron Judea y capturaron al rey
Joaquín y a la capa superior de la sociedad de Judea, que incluía la
corte, la oficialidad militar y a los artesanos:
Vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad,
cuando sus siervos la tenían sitiada. Entonces salió Joaquín rey de
Judea al rey de Babilonia, él y su madre, sus siervos, sus príncipes
y sus oficiales; y lo prendió el rey de Babilonia… (Reyes II,
24:11-12).
Y EL TEMPLO FUE QUEMADO
Para gobernar el país conquistado, los babilonios instalaron un
rey-marioneta, Sedequías. Aun bajo estas circunstancias horrendas,
algunos judíos albergaron la esperanza fútil de que un milagro los
salvaría. El mismo Sedequías intentó rebelarse contra
Nabucodonosor, pero fracasó.
En el 589 AEC, los babilonios destruyeron las fortificaciones judías
e intensificaron el sitio. Lo que tanto había sido temido, finalmente
ocurrió:
Aconteció a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a
los diez días del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con
todo su ejército contra Jerusalem, y la sitió, y levantó torres
contra ella a su alrededor. Y estuvo la ciudad sitiada hasta el año
undécimo del rey Sedequías. (Reyes II, 25: 1-2)
El hambre empeoró. Los babilonios abrieron brechas en las paredes
y ocuparon la ciudad rápidamente. Capturaron a Sedequías, que había
huido, y lo trajeron ante el rey de Babilonia. Los hijos de Sedequías
fueron asesinados ante sus ojos, luego lo cegaron, lo encadenaron con
grillos y lo llevaron a Babilonia. El Templo fue quemado hasta sus
cimientos en el 586 AEC. Muchos judíos perdieron sus vidas. Judea fue
virtualmente vaciada de todos sus habitantes; sólo una pequeña
comunidad, encabezada por Guedalia Ben Ajikam, fue dejado para cuidar
el país de ser infestado por animales salvajes.
Alguna forma de vida judía comenzó a cristalizar en el exilio
babilónico. Uno de los profetas durante este período fue Ezequiel
Ben Buzi. Un cohen (sacerdote), Ezequiel había sido llevado en
cautiverio junto con el rey Joaquín, pero continuó enseñando sus
visiones proféticas en Babilonia. Algún día preanunciarrá el
glorioso retorno a Judea y la reconstrucción del Templo. Pero, por el
momento, él también debe enfrentarse con la realidad: el liderazgo
está exiliado en Babilonia, y es simplemente una cuestión de tiempo
hasta que los babilonios cumplan sus planes de una conquista total y
el exilio de todos los habitantes de Judea.
El 10 de Tevet del 589 aec, al mismo tiempo que Nabucodonosor está
sitiando Jerusalem, la temida profesía se hace voz en Ezquiel:
Hijo de Hombre, escribe la fecha de este día; el rey de
Babilonia puso sitio a Jerusalem este mismo día. (Ezequiel, 24:2)
Le tocará al profeta informar a los exiliados de Babilonia acerca
del sitio y de la inevitable destrucción. Desde ese momento, el Diez
de Tevet será recordado como el punto de visagra en el colapso del
Primer Estado, el principio del fin.
El Diez de Tevet es uno de los cuatro días judíos de ayuno, que
marca un hito significativo en este trágico relato de exilio y
destrucción. Los otros tres conmemoran la penetración por los muros
de Jerusalem (el 17 de Tamuz); la destrucción del Templo por el fuego
(el 9 de Av); y el
asesinato de Guedalia (el 3 de Tishrei).
SER TESTIGOS DE LA DESTRUCCIÓN
Tradicionalmente, el 10 de Tevet es observado (por personas
saludables) absteniéndose totalmente de comer y beber desde el
amanecer hasta el anochecer. Plegarias de duelo y arrepentimiento son
agregadas a los servicios regulares. Una sección especial de la Torá
(Exodo 32:11-14, 34:1-10) es seleccionada para su lectura pública,
pues demuestra la voluntad de Dios de perdonar al pueblo si éste se
arrepiente. Los rabinos del Talmud de Jerusalem (Yoma 1) enseñan:
"Quien no vea el Templo reconstruido en su generación debiera
considerarse a sí mismo como si hubiera atestiguado la destrucción
del Templo".
El 10 de Tevet es único entre los cuatro días de ayuno de
destrucción que está explícitamente mencionado en la profecía de
Ezequiel; los otros días no están tan claramente delineados en los
textos proféticos. Las palabras "este mismo día", son una
reminiscencia de la descripción del Día del Perdón: "en este
mismo día" (Vaikrá 23:28). Como resultado de esta similitud,
algunos de los comentarios sugieren que, del mismo modo que es
observado el ayuno del Día del Perdón aun cuando cae en Shabat, así
también, si el Diez de Tevet cayera en Shatat, el ayuno sería
observado. Este punto es meramente teórico, pues en nuestro
calendario actual el 10 de Tevet no puede caer nunca en Shabat. No
obstante, es el único de los cuatro ayunos que puede caer en viernes
–como lo hace este año- y por eso entramos en el Shabat mientras
ayunamos, y sólo rompemos el ayuno con la primera comida de Shabat.
En muchas congregaciones sefardíes, en el Shabat anterior al Diez
de Tevet y antes del Servicio de Musaf (Plegaria Adicional), el cantor
litúrgico anuncia: "Hermanos, Casa de Israel, escuchen, el ayuno
del décimo mes (Tevet) será en tal y cual día. Que el Santo bendito
sea lo transforme en un día de felicidad y regocijo, como está
escrito (Zacarías 8:19): Así ha dicho el Dios de las Huestes: El
ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo, y el
ayuno del décimo, se convertirán para la casa de Judá en gozo y
alegría, y en las festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la
paz".
Cuando el horror del Holocausto fue conocido por primera vez por
todo el mundo, el Rabino en Jefe del Ishuv (la comunidad judía antes
de la creación del estado) en Eretz Israel proclamó el Diez de Tevet
como el día de duelo por las víctimas de la destrucción de las
comunidades judías en Europa. En 1951, no obstante, una fecha
diferente, el 27 de Nisán, fue designado por la Kneset como el Día
del Holocausto y el Heroísmo.
El Gran Rabinato ha decretado, de todas formas, que el Diez de
Tevet sea el día en el que se recite el Kadish de Duelo para aquellos
familiares, víctimas del Holocausto, cuya fecha de fallecimiento no
es conocida, y conmemorar ese día con plegarias y estudio. En Israel
es conocido como el día del "Kadish General".
Incluso ahora, cuando el Estado de Israel ha sido establecido para
traer el fin del sufrimiento y el exilio judíos, recordamos cuándo
comenzó el triste relato del exilio: hace más de 2.500 años atrás,
un Diez de Tevet.
Traducción: Marcelo Kisilevski
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